2016/11/10

Trump, Clinton, Maslow, marketing político, la izquierda

(Aviso: soy votante de izquierdas; en las elecciones de los EE.UU. hubiera votado a Hillary Clinton; detesto el populismo de derechas y también el de izquierdas; ambos me parecen la antesala del totalitarismo. Creo que deberíamos ser muchísimo más generosos con los inmigrantes. Y estoy totalmente a favor de la equiparación de derechos de las minorías. Y también estoy totalmente a favor del principio de realidad y del respeto a la verdad)

Bueno, ánimo, ya queda menos para que acabe este 2016, annus horribilis para la racionalidad política, con populistas de derechas ganando cuota de respaldo popular en Francia, Alemania, Holanda, Austria, Hungría, Polonia; populistas de izquierdas en el gobierno griego y asentándose en España, con el Brexit en verano y, como aldabonazo final, gran campanada ensordecedora que deja casi todo lo demás pequeño, Donald Trump elegido para ocupar la presidencia de los EE.UU. Fijándome en este último acontecimiento, me pregunto: ¿qué ha ocurrido? ¿cómo ha podido pasar?

Las elecciones americanas: algunos datos relevantes

Hillary Clinton ha ganado el más bien simbólico voto popular, habiendo recibido alrededor de 60 millones de votos, pocos más que Trump. En 2008, Obama recibió casi 70 millones de votos, y McCaine sobre los 60 millones. En 2012 Obama revalidó la presidencia con 65 millones de votos, y Romney alcanzó algo más de sesenta millones de votos. Es decir, el voto republicano se ha mantenido prácticamente constante en las tres últimas elecciones; sin embargo, Hillary Clinton ha recibido 10 y 5 millones de votos menos que Obama en 2008 y 2012, respectivamente.

Hillary Clinton ha perdido la batalla electoral en casi todos los estados oscilantes, aquellos que pasan de demócratas a republicanos o viceversa dependiendo de la elección. Teniendo en cuenta los márgenes de vostos por los que esto ha ocurrido, no es descabellado pensar que sólo con haber igualado el voto de Obama en 2012 Hillary Clinto habría ganado en muchos de ellos, si no todos.

En algunos de estos estados hay minorías que, en principio, deberían haber apoyado a Hillary Clinton frente a Trump.

Finalmente, a pesar del perfil de sexista y machista de Trump, las mujeres de raza blanca le han votado a él en mayor propoción que a Clinton: http://www.huffingtonpost.com/entry/dear-white-women-we-messed-this-up-election-2016_us_582341c9e4b0aac62488970e?

Abraham Maslow y su pirámide

El psicólogo Abraham Maslow formuló en 1943 su teoría de las necesidades humanas, que fue actualizando posteriormente. Según esta teoría, las necesidades humanas están estructuradas en una jerarquía de cinco niveles, y sólo cuando las de un nivel dado están cubiertas las personas buscan satisfacer las de un nivel superior. Los cinco niveles de necesidades son, desde las más básicas (y primeras en requerir su satisfacción) hasta las más sofisticadas (y últimas en requerir satisfacción):
  • Necesidades fisiológicas: alimento, descanso, mantenimiento de las funciones corporales
  • Necesidades de seguridad: Seguridad física, de empleo, de recursos, de vivienda, de propiedad...
  • Necesidades de afiliación: amistad, afecto, pertenencia
  • Necesidades de reconocimiento: autorreconocimiento, respeto, éxito
  • Necesiadades de autorrealización: creatividad, moralidad, aceptación, desarrollo
Conforme a la teoría de Maslow, la motivación humana se explica por la voluntad de las personas de satisfacer las necesidades de un nivel superior sólo una vez que las del nivel inmediatamente anterior han sido satisfechas. De ese modo, una vez que las necesidades más básicas de mantenimiento del cuerpo han quedado cubiertas, las personas pasan a ocuparse de tener trabajo y vivienda; y cuando lo consiguen, buscan amistad y amor, y así sucesivamente.

Una lectura más sutil indicaría no tanto una secuencia cronológica, sino más bien de "condiciones de posibilidad". En otros términos, sólo cuando las necesidades de un nivel están satisfechas están las personas en disposición de abordar la satisfacción de necesidades "más elevadas". 

Bien. Vamos a aceptar que, a grandes rasgos, la de la pirámide de Maslow es una buena teoría. ¿Qué ocurriría si a una persona o a una sociedad que concibe y planifica su vida dando por supuesta la satisfacción de las necesidades de un nivel dado, y por lo tanto pensando en las que se ubican en estratos superiores de la pirámide, de repente les da la sensación de que esa suposición está en riesgo?

Aparece el miedo, el miedo terrible a que los cimientos vitales sobre los que la existencia se plantea sean débiles y la construcción de la propia vida pueda desmoronarse. Y ese miedo se constituye en una emoción primordial, capaz de orientar toda la actuación de las personas, que buscarán desesperadamente seguridades sobre las que construir, afirmar o reconstruir sus proyectos vitales.

Cuando esto ocurre, la atención de las personas se centra alrededor de la búsqueda de esas seguridades. De este modo, conforme a Maslow, a alguien que está sin trabajo o tiene miedo de perderlo, hablarle de creatividad o principios morales sería, en primera aproximación, un sinsentido, porque la situación emocional de esa persona hace que sus registros de comunicación y, en general, vitales, no resuenen con esas categorías de discurso.

Las clases medias de los países desarrollados

En el periodo de oro de las postguerra, más o menos hasta mediados de los años ochenta del siglo pasado, las clases medias de los países desarrolados en Europa, Norteamérica, Australia y Japón (caucásicas en los tres primeros casos) vivieron una época de esplendor. Vieron cómo sus necesidades más básicas y sus necesidades de seguridad quedaban satisfechas. Vivían cada vez mejor y, tanto o más importante, las expectativas para sus hijos eran aún mejores. Se podía dar por seguro que las personas no tendrían que precuparse demasiado por su seguridad. Empleo, vivienda, seguridad física y salud estaban cubidertos por un sistema económico que producía crecimiento y, en el caso europeo, por unos estados de bienestar que estaban al quite si la economía dejaba de funcionar.

Pero esta arcadia feliz ha saltado por los aires. Primero llegaron Reagan y Thatcher, desmontando algunos de los equilibrios básicos que habían permitido a las sociedades desarrolladas llegar a los citados nivles de bienestar. Si la desregulación financiera del primero creó las condiciones para la locura financiera que acabó en el estallido de Lehman, el ataque de la segunda a los sindicatos, respaldada por una clase media que pensó que nunca más serían necesarios para garantizar unas condiciones de empleo dignas, agrietó el pacto social.

Luego cayó el Muro de Berlín, y con él desapareció el enemigo comunista, la amenaza creíble que había llevado al capitalismo liberal de la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX a pactar. El capitalismo se desbocó.

Y, finalmente, la tecnología. La tecnología que ha creado las condiciones para que la globalización fuese una realidad de escala planetaria. Y con la globalización, la deslocalización de la actividad económica. Y con ésta sus efectos, algunos buenos, como sin duda es la salida de la pobreza de cientos de millones de personas en los países de desarrollo, en China, India, Brasil, Perú, Colombia, Marruecos, etc. Y los no tan buenos, como el desempleo y el empobrecimiento de las clases medias en los países desarrollados, mientras que los ricos de estos países se enriquecen cada vez más y no pagan impuestos en la misma proporción.

Y, también, la tecnología que está heciendo redundantes a muchos puestos de trabajo, realimentando aquellos efectos menos deseables de la globalización. 

Y, las clases medias de empleados caucásicos, que tan despejado veían el panorama hasta los ochenta, han visto su bienestar mermar; sus expectativas mermar; las expectativas de sus hijos mermar mucho; y su seguridad saltar por los aires. Y si no la suya, sí la de sus vecinos, parientes, amigos.

Y lo que principalmente les preocupa a estas personas es restaurar el estatus quo anterior. Recuperar la seguridad de un empleo, de una vivienda, de no ser abandonados si enferman o quedan en el desempleo. 

Las instituciones

La globalización ha trastocado por completo el sistema económico. La producción y, en general, las tareas de menor valor añadido se han ido desplazando hacia los países en vías de desarrollo, en los que el coste de la mano de obra es mucho menor. Este hecho ha traído consigo, como decía más arriba, la salida de la pobreza de cientos de millones de personas; pero también ha acarreado el aumento del desempleo y la bajada de los salarios entre las clases medias y los trabajadores en los países desarrollados.

Si bien este proceso se ha desarrollando en distintas fases en los últimos treinta años, sus manifestaciones alcanzaron particular intensidad después de 2007, con la crisis financiera. El estallido de dicha crisis no hizo sino reforzar algunos de los efectos menos deseados de la globalización, impulsando aún más el desempleo y la debilitación salarial, y añadiendo inseguridades nuevas en el esquema de necesidades, como la pérdida de vivienda acarreada por los deshaucios.

En el contexto descrito, ¿cómo han actuado las instituciones? Pues en EE.UU. han tratado de paliar los peores efectos de la crisis. En Europa se han embarcado en políticas de austeridad fiscal sobre las que cada vez más se generaliza el consenso de que no han sido las adecuadas (ver, por ejemplo, http://www.telegraph.co.uk/business/2016/07/28/imf-admits-disastrous-love-affair-with-euro-apologises-for-the-i/ ). Por otra parte, en este periodo la desigualdad dentro de los países desarrollados no ha hecho otra cosa que aumentar, poniendo de manifiesto que las políticas públicas no han sido capaces de compensar los efectos de la crisis y la globalización. Mientras que los más ricos recogían los beneficios de la globalización y su riqueza aumentaba, las instituciones eran incapaces de gravar parte de ese aumento de riqueza para financiar los programas necesarios para que el estado de bienestar ayudase a los más desfavorecidos.

Las clases medias y trabajadoras no sólo vieron que el sistema económico las depauperaba o amenzaba con hacerlo: vieron que las instituciones no actuaban en su favor.

¿Y la izquierda?

Tradicionalmente, la izquierda tuvo como sujeto y objeto de su acción política a los más desfavorecidos. El objetivo de sus políticas fue conseguir las satisfacción de las necesidades de los más desfavorecidos, de forma que, en el modelo de Maslow, la autorrealización o el reconocimiento no fuesen un privilegio de los más ricos.

Dejando de lado a la izquierda totalitaria de Lenin, Mao, Pol Pot o Castro, de la que no hay nada que reivindicar y todo que condenar, al princpio, la socialdemocracia se ocupó de cnseguir sacar de la pobreza a las clases de trabajadores y proletarios. Una vez que se consiguió para ellos un empleo digno (lo que, sin sindicatos y negociación colectiva habría sido imposible), se trató de garantizar la satisfacción de otras necesidades del segundo nivel de Maslow: salud, vivienda digna; y después algunas de las del tercer y cuarto niveles: reconocimiento social, educación, participación política.

Y cuando todo esto se hubo logrado, ¿qué ourrió? Pues ocurrió que esas clases medias, que habían hecho el recorrido con la izquierda desde el proletariado hasta una posición social acomodada, dejaron de ser el sujeto y el objeto de las políticas de la izquierda. Abandonaron a los partidos socialdemócratas a la vez que éstos se dedicaron a otros colectivos.

Es como si la izquierda hubiese pensado: "misión cumplida", y " a otra cosa". Y pasó a ocuparse de otras necesidades de otros grupos. Y que conste que yo creo que esas necesidades son muy legítimas y que deben ser atendidas. Pero lo cierto es que la izquierda pasó a ocuparse de la ecología, el aborto, los matrimonios gays, los derechos de los LGT, los derechos de los animales. Y aún más, de las necesidades de identidad nacional  (y que conste que yo creo que estas necesiadades no deben ser ni planteadas ni defendidas por partidos de izquierdas).

Mientras tanto, la derecha conservadora ha hecho lo de siempre: defender los privilegios de los más favorecidos; la derecha liberal mantener su ilusión ideológica de que es mejor dejar al sistema autorregularse. Y entre una y otra, convertir a las clases medias en sujetos y objetos de sus políticas.

Y cuando estalla la crisis, y de repente el suelo se abre debajo de los pies de las citadas clases medias, edtas se encuentran con que quien habla de ellas y a ellas se dirige no es la izquerda, vieja amiga, ahora en otros menesteres, sino la derecha liberal (y la conservadora en alguna medida), que le receta ideología liberal. Pero, ¿no fue la aplicación de las ideas liberales la que condujo a las cosas a dónde están?

Trump y Clinton 
 
Y así llegamos a los EE.UU. el 8 de noviembre de 2016. Trump elabora un discurso terrible, lleno de odio, de racismo, de desprecio a las mujeres, de desprecio a las minorías, de prevención frente a los inmigrantes... y de defensa de la vieja clase media caucásica azotada por la globalización y la crisis. ¿Son estos los más desfavorecidos? No. Hay minorías mucho más desfavorecidas en los EE.UU. Pero Trump ha elaborado un discurso que ha resonado a la perfección con el miedo y la inseguridad de decenas de millones de personas en los EE.UU.

Y no sólo con su miedo; también con la ira derivada de su sensación, más o menos injusta, de que las instituciones, ó, como dice Trump, el "establishment", se dedicaba o bien a proteger los intereses de los ricos y los bancos o a paliar la situación de las minorías económicamente desfavorecidas o legalmente discriminadas, mientras que las condiciones de vida y las expectativas de esa clase media blanca de los estados de fuera de las costas se deterioraban.

Y para ellos ha elaborado un discurso que ha ido directo al centro de la caldera emocional en la que viven: ha dado en el centro mismo de la diana de sus miedos y de su ira. Y estas emociones son tan básicas, tan profundas y tan potentes, que cualquier posible vergüenza por los comentarios machistas o cualquier compasión por las minorías atacadas en las declaraciones racistas han quedado aparcadas.

Y en frente, Hillary Clinton, ¿a quién hablaba y cómo la hacía? Es seguramente cierto que pocos candidatos a la presidencia de los EE.UU. han estado tan preparados para el cargo como ella. Por su experiencia en la Casa Blanca en los dos periodos de su marido como presidente, o en la Secretaría de Estado o en el Congreso. Pero, ¿cuáles eran las razones para votarle? ¿Cuáles eran las emociones a las que se dirigía? ¿Que Trump no ganase? Pero, ¡¡si a una parte importante del electorado que Trump ganase le parecía bien, y otra piensa que Clinton es parte del sistema que los ha llevado a dónde están!!

Lo cierto es que, en una campaña fuertemente cargada de emociones, ella no ha sabido conectar con las minorías de hispanos y afroamericanos en la misma medida que lo hizo Obama; de ahí su pérdida de respaldo. ¿Qué o quién es Hillary Clinton para un potencial votante de color, o hispano, poco formado? Alguien muy lejano, que no tiene nada en común con ellos, que no habla su lenguaje, que se rodea de intelectuales ricos, de artistas ricos o, aún peor, de banqueros ricos. Bien, sí, es demócrata, pero no tiene nada que ver con ellos.

¿Y para las clases medias de trabajadores de "cuello azul"?  Para ellos Hillary es alguien preocupada, en el mejor de los casos, por el bienestar de algunas minorías que nada tienen que ver con ellos; y, en el peor,  por defender los intereses de los más ricos.

Por eso ha ganado Trump. Si bien su "público potencial" no es mayoritario, él ha conseguido conectar con ellos, hablándoles de sus necesidades, prometiéndoles (y sí, seguramente mintiendo) restaurar las seguridades perdidas. Y aunque Clinton contaba con un público potencial mayor, no ha sabido conectar con los miedos de los que están perdiendo su posición social lograda después de décadas de esfuerzo, que podrían haber encontrado en ella a una defensora mucho más solvente y sincera que Trump,  ni ha resultado suficientemente creíble como defensora de las necesidades no satisfechas de las minorías que debían haberla llevado a la Casa Blanca.

La lección para la socialdemocracia

Gran lección para la socialdemocracia europea: ¿a quién le hablamos? ¿con qué discurso? ¿con que actuación en las instituciones? Hay que rearmar el discurso cuanto antes. No se trata, como dicen podemitas, de una lucha de la casta contra la gente, que se hace a medias en las instituciones y a medias en la calle (¿en las barricadas? ... que miedo). Se trata de restaurar equilibrios en las sociedades, de asegurar los estados del bienestar a toda costa, de repartir los beneficios y los costes de la globalización, de hacer las instituciones absolutamente transparentes. Y cuanto antes, mejor.

2016/03/29

¡Eureka! ¡Lo inventé! (1/2)

Hablemos hoy de inventos, de inventar. ¿Qué es inventar? ¿Cómo es posible que inventar sea, precisamente, posible? Lo paradójico de las invenciones se pone de manifiesto si se piensa cómo las invenciones surjen, y de dónde surjen. Los humanos, mujeres y hombres, somos materia. Materia animada, pero materia al fin y al cabo. Materia regida por las leyes de la física, la química y la biología. Somos realidad objetiva, tangible. Nuestros cerebros, materia al igual que el resto de nuestros cuerpos, generan mentes. Aquí se produce la primera ruptura con la objetividad, porque esas mentes son subjetivas. Creo que lo expresé en otra inserción diciendo que, al generar una mente, la materia adopta un punto de vista (en realidad, un punto de vista por cada ser humano), una realidad subjetiva y no asequible salvo para la propia mente. Ya decía Schoppenhauer que el mundo entero desaparecía con la muerte de cada humano, porque el mundo entero no era sino representación en su mente. Es esta capacidad de la mente, de dotar a la materia objetivamente existente de un punto de vista subjetivo lo que la hace tan paradójica.

Pero es que, además, esas mentes pueden hacer algo fascinante. Pueden inventar. E inventar es crear. No de la nada, pero sí crear. Inventar es una manifestación conspicua de la creatividad humana. Es añadir nuevos objetos a la realidad. Y cuando el humano inventa, lo que en última instancia ocurre es que la materia observa la realidad y da lugar a que la mente asociada al cerebro conciba algo nuevo, que es una "irrealidad" y a que la propia mente conciba un plan para llevar esa idea mental a la realidad material. Dicho así, la invención es un paseo de ida y vuelta a la realidad que la materia se da... pero pasando por el mundo no sólo subjetivo sino irreal de lo no existente, y aumentando la población de lo real en el camino. ¡No está nada mal para un conjunto de protones, neutrones y electrones!

Supera por completo no sólo la ambición de este blog sino, de forma más determinante, las capacidades de su autor la tarea de dar solución a esta paradoja. Pero si me voy a lanzar a compartir algunas reflexiones sobre ella. Vamos a empezar por lo fácil. Inventar no es descubrir. Descubrir es encontrar lo que ya estaba ahí sin que lo supiésemos. Es des-cubrir, dejar al descubierto algo que ya existía. Para descubrir los humanos vamos hacia la realidad y, o la analizamos, o la interrogamos o la exploramos pero, en ningún caso, nos salimos de ella. En el caso de la ciencia, descubrimos explorando la realidad o analizándola. La exploramos haciendo experiementos. Y la analizamos gracias a que nos hemos dadpo cuenta de que la forma de la realidad es matemática, y tirando del hilo de las matemáticas podemos averiguar cosas incluso antes de que los experimentos las corroboren. Fue tirando del hilo de las matemáticas como Higgs postuló la existencia de la partícula que 40 años después se detectó; o como Einstein postuló la existencia de ondas gravitacionales, que tardaron alrededor de 100 años en "sentirse".

La segunda reflexión que quería compartir es que la invención no es el único proceso en el que algo nuevo aparece, valga la redundancia, "de nuevas" en la realidad. La propia naturaleza es capaz de hacer algo parecido. Piénsese en la vida. La Tierra existe desde hace más o menos 4.000 millones de años. Durante unos 750 millones de años, sólo hubo materia inerte. Pero transcurrido ese periodo, los procesos de autoorganización espontánea crearon algo que antes no existía: la vida. La vida no es sino materia que es capaz de individuarse en su entorno, de alimentarse, reproducirse y autorepararse. La vida es algo cualitativamente diferente a lo que había antes. Es toda una nueva categoría de objetos añadidos a la realidad. Y eso lo hizo la naturaleza ella solita, sin ayuda o concurso de una inteligencia finalista. Como la vida, diversos objetos complejos han emergido (emergencia, bella palabra) de realidades menos complejas, creando otras cualitativamente diferentes de forma totalmente natural... y, como todos los fenómenos en la evolución, de forma totalmente ciega.

Y ahí radica una diferencia fundamental entre la emergencia y la invención. Cuando una nueva realidad emerge en la naturaleza, lo hace de forma ciega, impulsada sólo por las leyes de la termodinámica. Cuando el hombre inventa, una neuva clase de objetos pasan a integrar la realidad, pero siguiendo el patrón que la propia mente dle hombre ha dibujado previamente en el territorio de lo irreal, en el mundo de las ideas.

Pero, ¿cómo es posible que la materia, ciega y ciegamente obediente de las leyes de la física, cree nuevas realidades?

(Continuará)








2016/03/25

Sapiens se emancipa: el dominio de la Naturaleza (2/2)

Sapiens heredó de sus antecesores en la evolución un rico bagaje de emociones. No sólo Erectus, Ergaster y Habilis, sino probablemente los atapasados comunes con los grandes simios tenían sistemas emocionales sofisticados, que les hacían sentir cosas muy parecidas al miedo, la tristeza o la alegría. Sapiens enriqueció mucho ese sistema emocional, ya que su gran cortex prefrontal no sólo le servía para razonar, sino para reflexionar (re-flexionar) sobre sus propias emociones. Sapiens era ya un ser muy auto-consciente.

A diario, el Sapiens cazador-recolector pasaba por diferentes estados emocionales. Sentía alegría cuando encontraba un panal de miel; tristeza si el perro que le acompañaba resultaba muerto en la caza de un jabalí; miedo cuando inesperadamente un tigre de dientes de sable aparecía de forma inesperada; euforía cuando, junto con sus compañeros, daba caza a un gran mamut.

De entre sus diferentes emociones, algunas de las más intensas estaban producidas por la muerte. Sapiens sentía una tristeza inmensa cuando moría su pareja, o un hijo, o un amigo. Pero, además, Sapiens le tenía un miedo enorme a la muerte. Sapiens, gracias a su capacidad de analizar sus emociones y de analizar lo que ocurría a su alrededor, se daba cuenta de que la muerte de los seres queridos portaba un anuncio para él: tarde o temprano, Sapiens, será tu turno. No puedes escapar a este destino. Y este destino era aterrador.

Y, de forma inconsciente, su sistema emocional se comenzó a estructurar alrededor de ese miedo. Miedo a la muerte propia y a la de los seres más queridos. En cada circunstancia de la vida, su ser se afirmaba o, por el contrario, retrocedía frente a la muerte. Y esto podía ocurrir de forma literal o figurada. Literalmente se afirmaba cuando en una lucha cuerpo a cuerpo derrotaba al tigre de dientes de sable; figuradamente, retrocedía cuando llegaba al campamento con las manos vacías.

De forma más o menos consciente, Sapiens deseaba con toda su alma superar a la muerte, derrotarla. Ese deseo se convirtió en una fuerza irresistible, irrefrenable.

La emancipación del orden natural se produjo, muy probablemente, cuando una serie de factores concurrieron a la vez hace unos diez o doce mil años en Oriente Próximo. Sin el concurso simultáneo de esos factores la revolución agrícola no se hubiera producido. Pero, ¿por qué se lanzó Sapiens de cabeza a ese nuevo modo de vida?

Sapiens le tenía terror a la muerte. Pero la muerte era parte del orden natural. De hecho, con mucha frecuencia la muerte era consecuencia directa de ese orden natural. Un animal podía cazarle. Una sequía podía dejarle a él y al resto del grupo sin comida y, quizás, acabar con todos ellos. Un rayo podía fulminarle. Una inundación ahogarle. El orden natural, la Naturaleza, era vida, pero también era muerte.

Por eso, la sensación de poder derivada del control de la naturaleza debió de ser para Sapiens una sensación brutal de afirmación. Sí, sería terrible labrar los campos para obtener una cosecha, pero, de alguna forma, Sapiens, al hacerlo, era capaz de alterar el orden natural o, al menos, de influir en él. Y, en esta influencia, Sapiens vio un elemento potentísimo de afirmación. Sapiens se sintió eufórico y... poderoso. Y esa euforia y esa sensación de poder compensaron por completo todas las desventajas de la nueva vida. Especialmente, para aquellos que, al aparecer una organización social más urbana y estratificada, ampliaron su poder para ejercerlo sobre ... otros Sapiens, pudiendo de este modo disfrutar de muchas de las ventajas de la nueva vida sin sufrir muchos de sus incovenientes.

De forma que, si los factores tecnológicos y climáticos fueron instrumentales en el abrazo de la forma agrícola de vida, si lo que digo es cierto, la energía para el cambio vino de la necesidad de Sapiens de dominar la Naturaleza para salirse del orden natural y tratar de escapar a su destino de caducidad. No había alternativa. Un ser emocionalmente rico y con una fuerte inteligencia que le hacía autoconsciente siempre habría optado por tratar de empujar a la muerte fuera de su vida; y si para ello tenía que emanciparse del orden natural, el pulso no le iba a temblar.

Y comenzó entonces la pelea de Sapiens con la Naturaleza por dominarla, pelea que encuentra un punto de no retorno cuando Sapiens inventa una forma de inteligencia imbatible, que le permitirá desvelar todos los secretos de su contrincante: el método científico.

2016/03/24

Memoria histórica: mi "relato"

La capacidad de la concejala del Ayuntamiento de Madrid Celia Mayer de pisar un charco hasta en el desierto del Sahara ha devuelto a la actualidad la así denominada "memoria histórica". Si yo lo entiendo bien, el objetivo último del ejercicio de "memoria histórica" y de la ley que en su día aprobó el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero no era otro que establecer el "relato" de lo que ocurrió durante la guerra civil y en los primeros años del franquismo. La necesidad de esta ley viene dada por el hecho de que los vencidos en la contienda fratricida no han tenido la ocasión de honrar la memoria de sus caídos, ya que por razones obvias el franquismo no se ocupó de ello (más que esto; impidió que ello ocurriese) y, en los años de la transición pareció más prudente dejar el asunto para más tarde y así evitar reabrir las viejas heridas.

Pero yendo al fondo del asunto, e imitando a la citada concejala, me tiraré de cabeza al charco y contaré aquí mi relato, tratando primero de ceñirme a los hechos y luego exponiendo cómo yo los valoro.

  1. La guerra civil estalla como consecuencia de un golpe de estado militar fallido contra un gobierno legítimamente constituido. Es cierto que ese golpe se había visto precedido de meses de violencia que los distintos gobiernos no habían podido controlar, y que como consecuencia de los mismo había sido asesinadas personas de uno y otro color político. Pero el hecho bruto es que un gobierno, salido de las urnas hacía unos meses y con amplio respaldo democrático, sufrió un intento de golpe de estado. Al fallar, ese golpe dio lugar a una guerra de cerca de tres años.
  2. Es un hecho que los bandos en la contienda portan ideologías contrapuestas y, en cada caso, no demasiado homogéneas. En el bando republicano convivían liberales, socialdemócratas, socialistas, comunistas y anarquistas. En el bando nacional lo hacían conservadores, falangistas y autoritarios.
  3. Es un hecho que entre 1931 y 1936 la República había legislado abundantemente y que lo había hecho bajo gobiernos de inspiración socialdemócrata, socialista y liberal. Mucha de esa legislación trataba de sacar a España de su retraso respecto de países europeos más desarrollados y de mejorar las condiciones de los más desfavorecidos.Se puede discutir en qué medida ese intento modernizador trató de avanzar demasiado deprisa, o el carácter más o menos radical de algunas de las leyes, pero es difícil cuestionar la orientación ilustrada y, en ese sentido, progresista y de tradición republicana, de la dirección general legislativa de la República.
  4. Es un hecho que al estallar la guerra se desata una ola de violencia en las retaguardias de ambos bandos, que causa decenas de miles de muertos. Según estiman los historiadores, los republicanos asesinaron a unas 50.000 personas, y los nacionales a unas 100.000 (ver artículo "Víctimas de la Guerra Civil Española" en wikipedia).
  5. Es asimismo un hecho que de la misma forma que la represión en el bando nacional fue impulsada, respaldada o directamente planificada por las autoridades ( El general Mola, el día 19 de julio, dio instrucciones explícitas: "Es necesario propagar una atmósfera de terror. Tenemos que crear una impresión de dominación [...]. cualquiera que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado"; artículo referido) en el caso republicano, si bien a medida que el final de la guerra se aproxima y la influencia comunista en el gobierno crece el papel de las autoridades es similar (por ejemplo, cada vez me parace más que probable la veracidad de la intervención de Santiago Carrillo en los asesinatos de Paracuellos; ver artículo "Matanzas de Paracuellos" de wikipedia), es posible atribuir parte de esa represión a la falta de control de las propias autoridades sobre los brazos armados de algunos partidos, sindicatos o grupos políticos.
  6. Es asimismo un hecho que al acabar la guerra las autoridades franquistas continuaron con la represión. Según Payne, "La terminación de la Guerra Civil no puso fin a la represión, sino que facilitó una más eficaz sistematización de ella.". Los historiadores cifran en alrededor de 50.000 las personas que murieron como consecuencia de dica represión.
¿Y qué cabe concluir de todo ello? Desde mi punto de vista, cuando se entra en la valoración de los hechos, cabe razonar en tres planos diferentes: el de la legitimidad democrática, el de las ideas que se enfrentaban y en el de los comportanientos.
  • Desde el punto de vista de la legitimidad democrática, mi opinión es que el alzamiento militar fue un acto ilegítimo contra un gobierno legítimamente constituido, acto que no tenía ni tiene justificación. El hecho de que ese gobierno fuese más o menos radical o más o menos incapaz no justifica en modo alguno el alzamiento.
  • Desde el punto de vista de las ideas, dentro del marasmo ideológico de los dos bandos, el republicano portaba muchas de las que constituyen el núcleo de la Constitución de 1978. Es cierto que pueden encontrarse también en dicho bando ideas totalitarias y en absoluto democráticas, pero ello no anula lo anterior. Yo creo que no puede decirse lo mismo del bando nacional, cuyo sustrato ideológico per se nunca hubiera llevado a una democracia liberal como la que disfrutamos hoy en día.
  • Desde el punto de vista de los comportamientos, los dos bandos se lanzaron a una represión brutal, cruel y atroz en sus retaguardias, con el fin de aniquilar físicamente al contrario. El hecho de que en el caso republicano algunas autoridades hiciesen repetidos llamamientos a la aplicación de la ley y al fin de esa represión no cambia el dato de miles de personas asesinadas. El tenor moral del franquismo queda bien reflejado por el hecho de que, concluida la guerra, el régimen continuase con esa represión, igual de brutal, cruel y atroz.
El franquismo elaboró su relato en los 36 años de régimen. El bando republicano no tuvo ocasión de hacerlo.

Pero ese relato, si bien no admite matiz en el plano de la legitimidad (golpistas frente a un gobierno legítimamete constituido y democrático) y admite grises en el de las ideas (en el bando republicano convivían demócratas con totalitarios; en el nacional sólo había de éstos), debe ser un relato de horror y vergüenza compartidas en el plano de los comportamientos: los dos bandos se lanzaron a sendas carnicerías en sus retaguardias, carnicerías despiadadas, atroces, brutales, que causaron 200.000 muertos. No me importa quién mató más. Seguramete mataron todo lo que pudieron unos y otros. Y, por ello, el relato no puede ser de buenos y malos. Debe ser un relato de malos y malos. Y no se trata de equidistacia apriorística o buenista. Si en el plano de la legitimidad e, incluso, en el de las ideas mi razón y mi corazón están con la República, cualquier forma de adhesión se desvanece al analizar los comportamientos.

El régimen franquista asesinó a 150.000 durante y después de la guerra. Era además ilegítimo y totalitario. Desde cualquier óptica, condenable. Pero la República, legítimamente constituida y con un gobierno democráticamente establecido en 1936, y portadora de muchas ideasde progreso y bienestar para todos los españoles, fracasó estrepitosamente cuando 50.000 personas fueron asesinadas por sus ideas en su territorio. Y es desde esa condena y desde ese fracaso desde los que yo creo que hay que escribir el relato definitivo, el relato del horror y el espanto de un país, España, en el siglo XX.




2016/03/21

Sapiens se emancipa: el dominio de la Naturaleza (1/2)

El sapiens cazador-recolector vivía inmerso en la Naturaleza. Era parte del orden natural. Tomaba de la Naturaleza lo que ésta le ofrecía, conforme a sus ciclos y a su dinámica "natural", no afectada por fuerza alguna ajena a ella. Como parte de ese orden natural el cazador-recolector ocupaba su lugar en el "ciclo de la vida", que diría Disney. Es cierto que ocupó la cúspide la pirámide trófica, no tanto porque las condiciones específicas de los individuos aislados los convirtieran en depredadores imbatibles, sino porque la capacidad de planificación, coordinación y colaboración hicieron de sapiens una máquina de matar. Según cuenta Yuval Noah Harari en "De animales a dioses", los cazadores-recolectaron aniquilaron la práctica totalidad de las especies de marsupiales grandes en Australia en apenas 2.000 años tras su llegada a la isla; en otros 2.000 años acabaron con 34 de las 47 especies de grandes animales de Norteamérica, y en Sudamérica exterminaron a 50 de 60.

Sin embargo, esta trayectoria no desmiente la primera frase de esta reflexión. Aunque sapiens fuese letal para muchas especies de animales, lo era sin alterar las reglas de la Naturaleza. Simplemente sus facultades eran extraordinarias. Pero incuso desde esa posición de privilegio, sapiens se precibía en equilibrio en la Naturaleza, y percibía al resto de los seres y fenómenos naturales como sujetos en pie de igualdad con él. Bien, sí, él podía cazar un bisonte o un ciervo, pero el tigre de dientes de sable se lo podía comer a él, como parte del mismo juego, como parte del mismo equilibrio.

Tanto es así que el cazador-recolector le reza a los ciervos, a los bisontes, a los ríos; todos ellos provistos de ánima, todos ellos con la capacidad de serle a sapiens propicios o no. Así, el artista-chamán de Altamira pintará al bisonte-dios, al caballo-dios y al ciervo-dios, como una forma de invocarlos y pedirles que le sonrían. El propio orden natural está animado de sobrenaturalidad, y sapiens le reza a esa realidad sobrenatural, mágica, que tiene su reflejo en todas las criaturas de la Naturaleza. Quizás él ocupe un lugar privilegiado en el orden natural, pero es un primus inter pares.

Con la revolución agrícola esta relación se quiebra. Sapiens se emancipa de la Naturaleza, del orden natural, o al menos trata de hacerlo. Ya no le basta con tomar lo que la Naturaleza le ofrece. Él pasa a explotar la Naturaleza. La Naturaleza, sus criaturas, dejan de ser sujetos en equilibrio (inestable) en el orden natural. Las criaturas de la Naturaleza pasan a ser cosas o, mejor dicho, recursos, y la Naturaleza pasa a ser naturaleza, un objeto que sapiens quiere dominar, para poder explotarlo de la mejor forma posible en su propio beneficio. De este modo, sapiens tratará de alterar el orden natural, influyendo en él para asegurarse su dominio y, a través de él, mejorar sus perspectivas. Con la revolusión agrícola sapiens sale del orden natural y se lanza al dominio de la naturaleza, se lanza a rediseñar ese orden en su beneficio, a alterarlo para obtener de la naturaleza-objeto el máximo rendimiento.

Es interesantísimo constatar que, a la par que la revolución agrícola, se produce una revolución religiosa. Sapiens deja de rezarle a los ríos, los mares, los bisontes o los ciervos. No. El orden natural, que ha sido declarado objeto de explotación, no puede ser receptor de las plegarias de sapiens, que escoge nuevos dioses, que están "más allá" de la naturaleza. El gobierno de la realidad natural no puede ser ejercido por sus integrantes, sino por dioses que están más allá, a los que a partir de ahora sapiens invoca, precisamente para que influyan en su beneficio. También los dioses se emancipan de la naturaleza, se abstraen de ella.

En el citado libro, Yuval Noah Harari expone su opinión de que sapiens cometió un error garrafal al pasar de su paraíso cazador-recolector a su vida como agricultor en pueblos y luego ciudades. Tomando su análisis como bueno, ¿por qué se produce este cambio? ¿Qué movió a sapiens a emanciparse del orden natural, quedando de alguna forma alienado, viéndose forzado a redefinir su identidad, al punto de cambiar por completo de dioses? ¿Por qué pasó sapiens de considerar a la Naturaleza un sujeto "animado", mágico, a considerarla un objeto de dominio y explotación?

(continuará)

2016/03/05

No violencia - Actos de habla

A principios de los años sesenta, John Austin y su discípulo John Searle dieron cuerpo a la teoría de "los actos de habla". Si la tradición de la filosofía analítica del lenguaje se había centrado hasta entonces alrededor de la capacidad del propio lenguaje de ser portador de sentido e instrumento de conocimiento, Austin y Searle señalaron que el lenguaje no era sólo capaz de proporcionar conocimiento; era asimismo un medio para hacer cosas. Alrededor de este hecho contribuyeron al "giro pragmático" de la filosofía del lenguaje, en una línea que continuarían después Lakoff, Johnson o Sperber desde ángulos parecidos.

En realidad, si bien su desarrollo es mucho más rico y profundo de lo que he expuesto en el párrafo anterior, la idea en sí resulta hasta un poco obvia. La palabra puede ser caricia; puede ser agresión; puede ser inspiración.

Viene todo esto a colación del debate de investidura que acaba de terminar, con su segunda y fallida votación, de Pedro Sánchez. La convalecencia de mi operación de espalda me ha permitido disfrutar de su práctica totalidad, y he comprobado cómo el uso de las palabras en el debate ha ido mucho más allá de su función enunciativa. En principio esto no es nada malo o raro. En un debate no se habla sólo para enunciar una idea; se habla para convencer, para persuadir.

Los sapiens somos seres emocionales con una pátina de racionalidad. Heredamos las emociones de nuestros ancestros en un procreso de evolución de millones y millones de años. Seguramente los dinosaurios tenían ya sistemas emocionales bastante desarrollados. Seguramente tenían miedo, alguna forma de alegría o ira. Lo que es auténticamente nuevo es nuestra capacidad de razonar. Por eso, apelar a las emociones es, cuando de persuadir o convencer se trata, tan importante como hacerlo a la razón. De este modo, los aspectos más retóricos del lenguaje son importantes en un debate. Mostrar no sólo solidez argumental, sino convicción o, incluso, entusiasmo (etimológicamente, estado en el cual los dioses se apoderaban del artista o filósofo griego).

No es de extrañar, pues, que los políticos en la tribuna adornen su discurso de elementos retóricos que potencien su capacidad de convencer, o de persuadir. Sin embargo, hay más que eso. Los discursos de los políticos españoles en el debate de investidura han sido un constante ejercicio de violencia. Los políticos en general no desaprovechan la ocasión de agredirse mediante la palabra. El "acto de habla" más frecuente es la agresión. Discursos estructurados alrededor de referencias hirientes ad hominem, llenos de "efectos especiales" en forma de puñetazos verbales directos a la mandíbula del contrincante.

No importa "tener razón", o tratar de persuadir. De hecho, la dinámica dialéctica en el parlamento se ha pervertido de tal forma que no creo que nadie recuerde, en nuestra historia reciente, una instancia del milagroso hecho de que alguien reconozca haber sido persuadido, o convencido. No. Al parlamento se va a aprobar leyes, mediante el procedimiento de tratar de triturar dialécticamente al oponente político, en un ejercicio de violencia verbal más o menos teatralizada.

¿No sería posible alcanzar un pacto de no violencia verbal en el parlamento? ¿No sería posible desterrar de la vida parlamentaria los actos de habla que sólo buscan agredir? Es cierto, la discusión requeriría más talento, más preparación, más grandeza. Pero este cambio traería consigo un efecto maravilloso: la incorporación de un nuevo de acto de habla, el acto del discurso resultar edificante.

2016/01/15

La XI Legislatura

El búnker. Pablo Iglesias demuestra en cuanto se le acelera el pulso que no cree en la democracia y la tolerancia tal y como se entienden los conceptos en la Europa civilizada. En primer lugar, él se siente investido de una legitimaidad que va mucho más allá de los 69 (suponiendo que todos le confieran legitimidad a Podemos) escaños obtenidos. Para empezar, él sabe (es omnisciente) lo que los votantes del PSOE preferían en relación con la composición de la mesa del congreso. Además, se diría que los escaños y votantes de otras fuerzas, como PP, C's o PSOE, son "menos legítimos" que los de Podemos. Son del búker. En la transición, el búnker era una forma de referirse a los franquistas nostálgicos. Es decir, para Pablo Iglesias, los votantes de PP, C's y PSOE son fascistas.

El niño. A priori, a mi no me parece mal que, como gesto de denuncia de una situación dada (la dificultad de las mujeres para conciliar su vida laboral y familiar) se lleve a un niño al Congreso. Sin embargo, creo que la exhibición de la criatura, de mano en mano, es obscena; que lo lleve una señora que disfruta del privilegio de una asistente 24h para ocuparse del niño, y que por lo tanto no tiene ningún problema para conciliar, me parece propio de la "casta", como cuando las marquesas del barrio de Salamanca hacen obras de caridad. Y si lo que se pretende con la alineación del bebé en el show Podemos del otro día es simbolizar la llegada de "lo nuevo", creo que no es sino una muestra más de la falta de consoideración de los podemitas hacia un sistema... que les permite ocupar 69 escaños en el Congreso de los Diputados.

Las rastas. La forma de vestir es una convención que codifica un abanico amplio de preferencias, sensibilidades, gustos y tradiciones. Como toda convención, no es en si ni buena ni mala. Lo que debe ser es funcional. Y para ser funcional debe ser suficientemente amplia para que la acepten gentes de distinto pelaje (nunca mejor dicho) y condición. La tradición ha sido que los señores vistiesen traje y corbata en el Congreso. El traje y la corbata son tradición porque han sido la forma de vestir de los que han tenido la capacidad de establecer tradiciones. Pues bien, parece que ahora hay más gente dispuesta a influir en la convención. Bienvenidos sean. Bienvenidas sean las rastas y las camisas de colores. Sobre la base de un mínimo decoro (que debe ser definido de la forma más amplia posible para que sea aceptado por todos), cada uno que se vista como quiera.

Llegar a acuerdos. Difícil tarea llegar a acuerdos en España. Desde que el PSOE alcanzó su primera mayoría absoluta en 1982 no se han alcanzado grandes acuerdos. Si acaso, se le fueron haciendo concesiones a los nacionalistas para alcanzar el gobierno, el PSOE en 1993, el PP en 1996 y después de nuevoel PSOE en 2004 y 2008. Pero eso no fueron acuerdos propiamente dichos. Ni los políticos ni los ciudadanos saben como llegar a acuerdos. Acordar implica ceder, y en este país el que cede es un prededor que carece de firmeza. ¿Es tan difícil establecer las prioridades? Yo creo que hay cuatro: reducir la desigualdad,atacar de raíz la corrupción, consolidar la recuperación económica y afrontar el problema catalán.


2016/01/03

¿Quiénes son los antisistema? (2/2) Volviendo a casa, por navidad

¿Y en Europa? ¿Y en España?

Vayamos directamente al caso español. ¿Cuál es el sistema español? Una posible referencia para aclararlo puede ser la Constitución de 1978, vigente y objeto de profundos debates, defendida por unos y considerada obsoleta por otros. Pero vigente, a fin de cuentas. Y en su momento respaldada por la abrumadora mayoría de españoles.

En su preámbulo, la constitución española, ley fundamental, de obligado cumplimiento por todos, dice cosas como que la Nación española expresa su deseo de "... Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo".

Después, en el Título primero: "España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político."; el Artículo 27 enuncia el derecho a la educación gratuita; el Artículo 35 establece que "Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo"; el Artículo 40: "Los poderes públicos promoverán las condiciones favorables para el progreso social y económico y para una distribución de la renta regional y personal más equitativa, en el marco de una política de estabilidad económica. De manera especial realizarán una política orientada al pleno empleo." Artículo 41: "Los poderes públicos mantendrán un régimen público de Seguridad Social para todos los ciudadanos, que garantice la asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo. La asistencia y prestaciones complementarias serán libres". Y el Artículo 47 expresa que "Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos". (los subrayados son míos).

(No puedo resistirme a comentar que me parece paradójico que muchos de los que se instituyen en grandes defensores de la Constitución de 1978 en el contexto del debate catalán no tienen problema alguno en diseñar y aplicar políticas sociales y económicas que violan una buena parte de su articulado).

¿Qué nos dice la Constitución de 1978 sobre el "sistema español"? Nos habla de libre mercado, pero a la vez de un estado que asegure la cohesión de la sociedad española, cohesión encarnada en una cierta iguladad de resultados y en una radical igualdad de oportunidades.

Esta radical igualdad de oportunidades debe ser promovida y garantizada por los poderes públicos, el estado en sus diversas estructuras administrativas, mediante un gasto público solidariamente recaudado y eficientemente ejecutado.

¿Cuál es la situación actual a este respecto?

Según Eurostat (http://ec.europa.eu/eurostat/tgm/mapToolClosed.do?tab=map&init=1&plugin=1&language=en&pcode=tec00021&toolbox=data), la recaudación del estado español (todas las administraciones) como porcentaje del PIB fue en 2014 del 38,6%; esta cifra debe compararse con el 44,6% de Alemania; el 53,6% de Francia; el 48,2% de Italia; el 38,2% del Reino Unido; el 44,5% de Portugal; el 43,9% de Holanda, el 52% de Bélgica; el 58,4% de Dinamarca; el 50,1% de Suecia; el 54,7% de Noruega o el 54,9% de Finlandia.

Es decir, de los países más desarrollados y mayores de la UE, sólo el Reino Unido dedica menos recursos que España a dotar de instrumentos al estado. ¿Cómo vamos a construir o consolidar un estado del bienestar como los de los países europeos gastando tan poco en ese propósito? ¿Cómo vamos a reforzar o consolidar el sistema que recoge la Constitución con tan poca contribución a las políticas que deben hacerlo?

Es un hacerse trampas al solitario decir "yo no quiero el modelo norteamericano; yo quiero que españa sea como Dinamarca", para a continuación afirmar que el regimen fiscal español es expropiatorio. Si queremos ser como Dinamarca, quizás haya que pensar que los 20 pp de gasto público como porcentaje del PIB de más que Dinamarca recauda puedan tener algo que ver en la diferencia de prosperidad y cohesión social de los dos países.

Todos los países europeos citados son reflejo de una realidad: el estado, un estado potente y bien financiado, es imprescindible para construir las sociedades que todos consideramos las mejores posibles, las sociedades europeas que son el mayor espacio que la historia ha visto para el desarrollo de las personas en libertad y prosperidad. Y, a su vez, todos esos países demuestran una de las grandes falacias del libre mercado. Es falso de toda falsedad que el crecimiento económico per se genere sociedades más prosperas. En ausencia del citado estado redistribuidor, el crecimiento genera, como cada vez hace en mayor medida en los EE.UU., élites codiciosas y avariciosas que acaparn todo el crecimiento de la riqueza. Las creencias liberales son eso, creencias, ideologías sin sustento en la realidad, al servicio de los intereses de unos pocos.

Y mientras tanto, España vive una situación de emergencia social. Según la OCDE, es el país (junto con uno de los bálticos) en el que más ha aumentado la desigualdad. Hay cientos de miles de desempleados sin prestación. Los salarios han menguado en 40.000 millones de euros en comparación con la situación que encontró el PP en 2011. Se han producido recortes en sanidad, recortes en educación, recortes (o incluso paralización) en la dependencia. Organizaciones no sospechosas como Cáritas avisan de millones de personas en riesgo de exclusión, o de niños en situación de pobreza. Por primera vez desde la transición de los años setenta se dan situaciones como el abandono de los estudios universitarios por razones económicas, la pobreza energética o la pobreza de los empleados. Por primera vez una generación de padres creen que el futuro de sus hijos será peor que el suyo, y que sus hijos no disfrutan de la igualdad de oportunidades que el sistema (español) debería asegurarles.

Y nos dicen algunos políticos: "ahora lo que hay que hacer es asegurar la recuperación económica". Bien, vayamos por partes. Lo que esos políticos quieren decir (o no quieren, no sé) es "ahora lo que hay que asegurar es el crecimeinto económico, que ya si eso ese crecimiento acabará por llegar de forma automática (¿automágica?) a todos... mientras recortamos en sanidad, en educación, en prestaciones al desempleo, en dependencia, en ...

De forma más o menos cínica, opinan esos políticos, y muchos de sus votantes (estos en muchas ocasiones de buena fe) que lo más importante para el país es la salud económica.

Pues bien, no lo es para el "sistema español". Tal y como ese sistema se diseñó, la salud económica y la cohesión social son igual de importantes. Aplazar la segunda en virtud de un supuesto aseguramiento de la primera es tan "antisistema" como hacer demagogia económica.

Yo creo que en España estamos cerca de un punto de ruptura del sistema. Sé que no estamos aún en los niveles de los EE.UU., pero la igualdad de oportunidades está seriamente amenazada en nuestro país. Y la igualdad de oportunidades está en el núcleo de nuestro "sistema", tal como lo define la Constitución de 1978.

¿Y quiénes son los antisistema que están amenazando con romper el sietema español?

Pues sin duda lo son los demagogos que hace tan sólo unos meses defendían la economía venezolana y la política marxista-leninista; que hace sólo unos meses querían cerrar los medios privados de comunicación; que have sólo unos meses querían expropiar las empresas eléctricas y las de telecomunicaciones; impagar la deuda, etc. etc. Esos señores que decían que la Constitución de 1978 era un "papelito". Esos señores que sólo hace dos o tres años se dedicaban a reventar actos públicos en los que políticos democráticamente elegidos iban a expresar sus opiniones. Vaya, los amigos Iglesias, Monedero o Errejón, de los que no me creo ni una palabra acerca de sus cambios de opinión y de su conversión tan reciente a la democracia. Los señores de Podemos son de naturaleza totalitaria, y acabarían con la democracia si pudiesen.

Pero para mi son tan antisistema como ellos los que desprecian la crisis social en España, los que legislan para los que más tienen, los que pretenden encoger aún más nuestro estado y herir de muerte la igualdad de oportunidades y el estado del bienestar; los que no persiguen el fraude fiscal con convicción y aministían a los ricos sus pecadillos fiscales; los que sólo consiguen recaudar el 3% a las grandes empresas; los que frívolamente prometren bajadas de impuestos que nos alejen aún más de los países a los que cínicamente dicen querer parecerse. Tan antisistema como los de Podemos, porque si tienen ocasión, van a acabar con el sistema que definió la Constitución.

Porque la democracia liberal participativa es imposible sin la libertad con la que acabaría Podemos, pero no es nada más que una mascarada sin la igualdad de oportuniadades que el PP ha herido de muerte.

Fe de errores: en la entrada tal y como se publicó el día 3 de enero los datos relativos a la recaudación de los estados, incluyendo contribuciones a la seguridad social, no son correctos. Para 2012, los datos correctos son (recaudación fiscal de los estados -todas las administraciones- incluyendo contribuciones a la seguridad social, como % del PIB):

  • Bélgica 45,4
  • Dinamarca 48,1
  • Alemania 39,1
  • Grecia 33,7
  • España 32,5
  • Francia 45,0
  • Italia 44,0
  • Austria 43,1
  • Portugal 32,4
  • Finlandia 44,1
  • Suecia 44,2
  • Noruega 42,2
  • UK 35,4

El análisis y sus conclusiones no se alteran, pero estos son los datos correctos.








¿Quienes son los antisistema? (1/2) El caso de los EE.UU.

Domingo 3 de enero de 2016. Las páginas 2 y 3 de El País recogen diversas informaciones e interesantes datos acerca de la economía y la sociedad americana que se enfrenta a un año electoral.

  • Por primera vez desde 2002, las diez primeras empresas del mundo por capitalización bursátil son norteamericanas.
  • Las ganancias de los negocios en Nueva York han crecido un 61% entre 2001 y 2013...
  • ... mientras que los salarios lo han hecho menos de la mitad, por debajo de la inflación acumulada en el periodo.
  • En Nueva York, los ingresos del 1% más rico han aumentado el 32% entre 2009 y 2012, en tanto que la media de los ingresos del 99% restante ha decrecido un 1%.
  • Una trabajadora de la limpieza en el aeropuerto JFK gana 10 dólares a la hora, 1.600 dólares al mes, 19.200 dólares al año. Para poder acceder a un programa de viviendas destinadas a personas de bajos ingresos en el Bronx, hay que acreditar ingresos mínimos de 31.098 dólares al año.
Este es el modelo de la economía y la sociedad norteamericanas. A escala nacional, según el instituto Pew, la clase media ha dejado de ser la más numerosa del país.

¿Qué hay detrás de esta situación, qué factores la explican y qué nos dice de la sociedad americana? Lo cierto es que seguramente hay múltiples causas, cada una de ellas de complejo análisis, merecedoras de un espacio de reflexión de más hondura intelectual y más extenso que este modesto blog. Pero para construir el argumento que pretendo defender, se me ocurren tres.

La primera es la globalización. La globalización está suponiendo la salida de la pobreza de cientos de millones de personas en Asia, América Latina y, en menor medida, África, pero está asimismo trayendo consigo el empobrecimiento de las clases bajas y medias de los países desarrollados. De alguna forma se está produciendo una competencia por el trabajo entre las poblaciones de los países pobres y las clases bajas y medias de los ricos, con clara desventaja para éstas, que viven en países con niveles de vida mucho mayores y que resultan mucho más caros para vivir, requiriendo rentas más altas para poder acceder a una vida digna. En el interim, el capital asiste encantado a esta competencia, porque su resultado no es sino el abaratamiento de uno de los factores principales de producción.

Una segunda causa es probablemente el cambio tecnológico. Lejos de mi la tentación del ludismo. Yo creo que el cambio tecnológico no es en sí malo y, en la medida en la que aumenta la productividad, es bueno a largo plazo. El problema es el estado transitorio que sigue a toda disrupción tecnológica. Los trabajadores menos cualificados son necesariamente víctimas a corto plazo de dicho cambio, porque carecen de los conocimientos o experencia requeridos en el nuevo mercado de trabajo, tal y como los cambios tecnológicos lo han reconfigurado.

Pero hay una tercera causa, endógena en este caso al propio modelo social de los EE.UU., que se basa en una serie de supuestos ideológicos que se han ido haciendo dominantes en aquel país. Supuestos, por cierto, muy cercanos al núcleo del credo (sí, del credo) liberal. El primero es que el mercado dejado a su albur genetra resultados aceptables para las sociedades; como corolario, la política económica debe centrarse en el crecimiento, y la riqueza permeará de forma automática (¿automágica?) a todos los estratos sociales. No hay más que repasar los datos recogidos al principio de esta nota para darse cuenta de la falsedad de esta idea. No se ajusta a la realidad. La realidad nos indica que ni el mercado per se genera resultados aceptables para las sociedades, ni el crecimiento económico garantiza el bienestar general de las sociedades.

El segundo supuesto es el ligado al denominado "sueño americano": si una persona se esfuerza y trabaja duramente, podrá conseguir lo que se proponga. Esto ha dejado de ser cierto. Hasta una publicación tan poco sospechosa como The Economist alertaba hace poco acerca de la constitución de una aristocracia económica (y política) es EE.UU., fundamentadsa en (a) la endogamia de los ricos y (b) el encarecimiento estratosférico de la educación media y superior de calidad en el país. En román paladino, los ricos se casan entre sí, llevan a sus hijos a colegios y universidades carísimas, que no están al alcance de las clases medias y bajas y, de esa forma, perpetúan su estatus económico y social. La igualdad de oportunidades es cada vez menor o ya inexistente y la movilidad social en los EE.UU. se ha reducido drásticamente a medida que ha ido aumentado la desigualdad.

El sueño americano, como encarnación de su sistema social y económico, se ha quebrado. Se ha quebrado por el impacto de una serie de factores externos, pero también por la aplicación de una serie de políticas de origen liberal-conservador, que han defendido los privilegios de unos pocos, su derecho a enriquecerse de forma obscena por encima de su deber de solidaridad para con sus conciudadanos. Estas políticas han tenido su reflejo máximo en su vertiente fiscal, tanto recaudatoria como de gasto. Los ricos y las empresas no pagan en EE.UU lo que les conrrespondería (el propio Warren Buffet se escandalizaba al respecto). ¿Lo que les correspondería para qué? Para asegurar la igualdad de oportunidades, sin la cual el sistema americano no es sostenible.

Entonces, ¿quiénes son los antisistema en los EE.UU.? ¿Los ecologistas? ¿Los sindicalistas? ¿No serán los antisistema más bien los defensores de las supersticiones ideológicas del liberal-conservadurismo y sus ejecutores, los lobbies de las grandes empresas y del sector financiero, que además han capturado al mundo político (ver el documental Inside Job:
https://vimeo.com/27292661)?



2015/09/28

EL País de las Maravillas, o la desfachatez intelectual



De modo que ella, sentada con los ojos cerrados, casi se creía en el país de las maravillas, aunque sabía que sólo tenía que abrirlos para que todo se transformara en obtusa realidad, Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll

Una norma básica de la convivencia civilizada es la honestidad intelectual, que se le supone, como el valor al soldado, a cualquier persona en todos los ámbitos de su vida social. De hecho, ahora que acabo de leer la primera frase, me corrijo a mí mismo. No es una norma de la convivencia civilizada. Es una precondición para la convivencia civilizada. Porque sin honestidad intelectual es imposible que las personas se entiendan. Bien estemos de acuerdo con el Wittgenstein del Tractatus (y opinemos que somos capaces de representar figurativamente la realidad y de expresarla en el lenguaje gracias a una forma lógica que éste y aquélla comparten), bien opinemos como el de las Investigaciones Filosóficas (que el lenguaje es un conjunto de reglas más o menos convencionales, cuya validez no procede de forma lógica alguna, sino de su funcionalidad), para que las personas nos entendamos son necesarias unas reglas básicas que dotan de efectividad al discurso argumental.
Algunas de estas reglas (y no pretendo aquí ser exhaustivo) son: la no negación de la evidencia; la no alteración del significado de las palabras sin el acuerdo común; la no adaptación de las premisas del argumento, o del argumento mismo, a la propia conveniencia para valorar algunos aspectos de las realidad más que otros; en definitiva, la renuncia a la alteración de la percepción o valoración de la realidad cuando la legitimación de una determinada posición pública depende de dicha realidad. Dicho de otro modo, la renuncia a tergiversar los hechos o su valor cuando los hechos a uno no le dan la razón.

Cuando personas o grupos de personas se alejan de forma sistemática de la honestidad intelectual, comportándose con total desfachatez intelectual, la convivencia se hace muy difícil, porque es casi imposible entenderse con ellas.

En un ámbito social muy relevante pero más o menos inocuo, como es el del fútbol, es frecuente encontrar un comportamiento típico de falta de honestidad intelectual. Como madridista, lo he detectado frecuentemente en algunos de mis sufridos correligionarios merengues, en esta última época de dominio barcelonista en juego y resultados. En algunas ocasiones, cuando hemos sido derrotados con justicia, algunos se agarran a una jugada aislada, de cuestionable juicio arbitral, para argumentar que “todo hubiera sido distinto si…”; ello a pesar de haber recibido un baño en el juego durante los noventa minutos.

Los políticos practican la desfachatez intelectual con gran solvencia y excelente desempeño. Las noches electorales son una buena muestra de ello. Frente a la evidencia de la derrota, la referencia a alguna derrota aún peor en el pasado, o a la aún peor sufrida por algún adversario, o a lo mal que pintaban las encuestas tan solo unas semanas antes del día de la votación.

Pero pocas veces hemos asistido a un ejercicio de desfachatez intelectual comparable al de los independentistas catalanes en los días previos a la votación del 27 de septiembre y en las horas posteriores. Veamos.

Se convocan unas elecciones autonómicas. Pero los convocantes dicen hasta la extenuación que las elecciones se deben leer en clave plebiscitaria, no como una elección autonómica más; la votación de tu vida, rezaba uno de sus lemas electorales. Que  las elecciones son un plebiscito, vaya. Y no un plebiscito genérico, sino un plebiscito sobre la independencia de Cataluña respecto del resto de España. Y constituyen una plataforma electoral que se llama Junts Pel Si. Y su programa electoral es el más corto de la historia: conseguir la independencia tras un periodo de negociación con España y la UE.

Según su narrativa, se recurre a las elecciones plebiscitarias ante la imposibilidad de convocar un referéndum legal. El ideal habría sido el referéndum. Escuchar al pueblo catalán, permitir que el pueblo catalán ejerza su derecho a decidir. Eso es lo que los independentistas querían.
Un plebiscito; una persona un voto. Se cuentan los votos en pro de una opción, se cuentan los votos en pro de la otra, y se concluye.

Pero ay, el significado de las palabras parece ser “líquido” para los independentistas postmodernos. Ya en la víspera de las elecciones, a la vista de las encuestas, Mas se descuelga con que la mayoría de parlamentarios a él le basta para continuar con el proceso. Un momento… ¿no era Mas el que decía que las elecciones debían leerse como un plebiscito? La honestidad intelectual debería haber llevado a Mas a aceptar que sin la mayoría del voto, el proceso no puede continuar, porque la mayoría de los ciudadanos catalanes no lo respaldan, por más que la ley electoral produzca un resultado que, en número de parlamentarios, no traduce exactamente el resultado del voto popular. Desfachatez intelectual.

Y llega el resultado. Lo primero es que Junqueras se descuelga con “hemos ganado en escaños y en votos”; negación de la evidencia, desfachatez intelectual; y luego llega Mas y dice que se siente legitimado para seguir, porque aunque no ha ganado en votos, lo ha hecho en escaños (dando por supuesto que los escaños de la CUP son suyos… mucho suponer; una, en esta ocasión pequeña, desfachatez intelectual). Propongo este experimento mental. Supongamos que los partidos constitucionalistas hubieran ido en una sola lista, y que hubieran ganado en escaños, pero no en voto popular. ¿Hubiera dicho Mas que los constitucionalistas habrían estado legitimados para detener el proceso? ¿O más bien habría gritado los cuatro vientos que la legitimidad no procede de los escaños sino de los votos? Todos sabemos lo que habría hecho. Gran desfachatez intelectual: la legitimidad se constituye… según a mí me convenga.

Y qué decir de la negación de las implicaciones de la independencia respecto de la pertenencia a la UE, al euro, … o dela forma en la que la presidenta del parlamento catalán adoctrinaba a unos niños sobre los sucesos de 1714, torciendo la verdad, manipulando de forma descarada… Gran desfachatez intelectual.

Yo creo que los catalanes tienen derecho a decidir si quieren o no formar parte de España y de la UE. Creo que hay que hacer lo posible para que se manifiesten al respecto en un referéndum legal y vinculante, en el que voten tan solo ellos. Creo que si para hacerlo es necesario reformar la Constitución, pues refórmese.

Pero también creo que la forma de gestionar el proceso por parte de los independentistas ha sido la expresión de uno de los mayores ejercicios de desfachatez intelectual de la historia europea reciente.
Y desde mi punto de vista, nada pone de manifiesto la desfachatez intelectual de los independentistas como el uso que hacen del término Cataluña.

Durante la campaña Cataluña es el País de las Maravillas, en el que no habrá desempleo, la economía crecerá a un ritmo de vértigo y no habrá corrupción. No sólo; en el País de las Maravillas, nadie se sentirá extraño; no importa cómo se apellide, en qué lengua hable; de dónde venga. Todos serán Cataluña.

Pero basta que acabe el recuento para que los líderes independentistas clamen “¡¡Esta noche ha ganado Cataluña!!”. Y no, no se refieren a que han ganado los no partidarios de la independencia. En este caso la desfachatez intelectual es múltiple y encadenada. Ellos, lo que quieren decir, es que “esta noche los que hablamos catalán y nos sentimos sobre todo catalanes hemos ganado”. Es decir, que identifican Cataluña con ese 48% de la sociedad catalana. Expulsan al resto de Cataluña. Y, como si ese 52% no existiese, claman victoria. Tremenda desfachatez intelectual.