2017/11/07

Cataluña, realidad y legitimidad

(Para mis amigos Antonio y JAMS; a ver si soy capaz de eliminar, esta vez sí, las erratas))

Cuando Dian Fossey, en las montañas de Virunga, consiguió que su presencia fuese tolerada por los grupos de gorilas y pudo observar su comportamiento social comprobó la existencia en la Naturaleza de las instituciones. En particular, comprobó que existía la institución del macho alfa. El macho alfa, el dominante en el grupo, lo es porque todos en éste creen que lo es. La realidad operante del macho alfa depende de que todos en el grupo efectivamente crean que tal cosa existe.


Los humanos no somos, en el fondo, tan distintos en nuestro comportamiento social. Bueno, sí, somos distintos porque la cantidad, complejidad y variedad de nuestras instituciones es (casi) infinitamente mayor que la de nuestros primos primates. Pero no lo somos en el sentido de que nuestras instituciones sociales son operantes en la medida en la que todos, o una gran mayoría, creamos que lo son. El ejemplo que siempre se usa para ilustrar este hecho es el del dinero. Puedo ir al estanco de la  esquina, comprar un Romeo y Julieta Capuleto y pagarlo con euros porque José Ignacio (el alma mater del estanco Pengui) cree que los euros sirven para pagar. Si llegase y pretendiese hacerlo con billetes del Monopoly, el bueno de José Ignacio, después de pensar inicialmente que yo iba de coña, me diría que el Capuleto lo reservaba para alguien más cabal.

Quizás podría afirmarse que la estructura de nuestra realidad social está formada por las instituciones que hemos creado y, de ellas, por las que resultan operantes. Por ejemplo, la nobleza, que es una institución antigua y de gran importancia en el pasado, es real en el sentido de que hay sujetos que pertencen a ella; sin embargo, es una institución de una realidad desleída, porque cada vez es más inoperante.

Otro aspecto de interés a la hora de hablar de las instituciones que articulan nuestra realidad social es el de su legitimidad. El macho alfa de Dian Fossey lo es porque es el más fuerte. Su legitimidad radica en que no hay otro macho que desafíe su posición. Al principio, los humanos no éramos muy diferentes, porque casi todas las instituciones sociales y, en particular, las políticas, se instituían por la fuerza. Pero luego llegó la Ilustración y, con ella, la razón primero y la democracia después. Y la razón y la democracia establecieron el canon de lo que es una institución legítima. Éstas lo son en tanto en cuanto se rijan por las leyes y los procedimientos que la propia democracia establece.

Así pues, podemos analizar las instituciones sociales y, en particular, de nuevo, las políticas, en función de su capacidad de resultar operativas y de su legitimidad. En Cataluña, estos días, a lo que, desde esta óptica, estamos asistiendo, es a la contraposición de dos realidades institucionales: el Estado Español y su entramado legal tal y como emana de la Cosnstitución de 1978 y la República Catalana proclamada en el Parlament la semana pasada.

La capacidad operante de una y otra realidades ha quedado constatada por la casi simultánea proclamación de la DUI y la aplicación del artículo 155 de la Constitución. La República se ha mostrado totalmente inoperante, mientras que la plaicación del 155 ha sido palmariamente operativa. ¿Por qué? Porque nadie, ni siquiera los independentistas, creen que la República "opere" en ningún sentido que "operar" pueda tener. Desde esta perspectiva, la realidad de la República Catalana como institución social se ha desvahído en apenas horas.

Aún así, se podría argumentar que, inoperante y todo, cuenta con una cierta base de fundamentación legitimatoria. Sin embargo, al saltarse las leyes y los procesos que la democracia establece, la república nace huérfana de cualqueir atisbo de legitimidad.

Da la sensación de que, a estas alturas, lo líderes del procés han renunciado a su aspiración de hacer de la República Catalana una realidad política. Su decisión de concurrir a las elecciones del 21 de diciembre así lo indica. Sin embargo, continúa su intento de dotar de cierta legitimidad a la República, buscando la simpatía de la comunidad internacional. En este frente, algún reconocimiento minoritario y aislado han conseguido (con la inestimable contribución de las cargas policiales del 1 de octubre). Pero ha sido este reconocimiento de carácter principalmente emocional; podríamos llamarlo un reconocimiento por simpatía. Sin embargo, casi todas las instancias internacionales que han procedido a analizar la República Catalana desde una óptica racional, ilustrada, le han negado el reconocimiento de cualquier atisbo de legitimidad.

Si estoy en lo cierto, no cabe sino afirmar que la estrategia de los líderes del independentismo ha resultado un fracaso, al no conseguir dotar de realidad ni de legitimidad a su proyecto de República. Quizás un mejor conocimiento de la historia en general y de la filosofía de John Searle habría sido un mejor bagaje intelectual para abordar la consecución de sus objetivos.

2017/10/29

Cataluña: verdad y relato


Ilustración es la salida del ser humano de su minoría de edad, de la cual él mismo es culpable. Minoría de edad es la incapacidad de servirse del propio entendimiento sin dirección de otro. Él mismo es culpable de esta minoría de edad porque la causa de la misma no radica en un defecto del entendimiento sino en la falta de decisión y del coraje de servirse del propio sin dirección de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten el coraje de servirte de tu propio entendimiento! es, en consecuencia, la divisa de la Ilustración.


Immanuel Kant; primer párrafo de "Qué es la Ilustración"

La Ilustración trajo consigo el encumbramiento de la razón como acceso a la realidad. La realidad, para la Ilustración, se descubre por medio de la razón. Y la verdad no es sino una representación ajustada de la realidad, que se construye por medio de la razón.

Para Kant, el uso de la razón es el pasaporte del ser humano a la mayoría de edad. El uso del propio entendimiento, basado en la razón, convierte al humano en una persona mayor de edad. Para el ilustrado, por lo tanto, la razón y su uso son el primer escalón y la condición de posibilidad de su "ser en el mundo" como persona. Y ello vale tanto cuando se trata de ampliar el conocimiento, en la ciencia como en la organización social y política.

En el terreno social y político esta idea de la Ilustración se traduce en la asignación de un cierto carácter de "sagrada" a la verdad. El primer paso para determinar cómo debemos organizarnos es una aproximación "verdadera" a la realidad. No en vano se etiquetó como "socialismo científico" a la doctrina de Marx, que se construyó sobre un análisis riguroso de la sociedad capitalista del siglo XIX, de la dinámica de generación y captura de valor económico por las distintas clases sociales y de las implicaciones de éstas para sus estructuras sociales y la capacidad de sus integrantes de desarrollarse como personas.

La promesa implícita de la Ilustración es el progreso. La humanidad, en la medida en que se apoye en la razón, en la medida en la que respete el principio de realidad y lo que quiera que piense o que haga se base en la verdad, progresará.


La historia del siglo XIX y del XX es conocida. Por una parte, incluso la Ilustración produjo sus monstruos. Por la otra, el romanticismo refluyó y su referencia idealista sustituyó la preminencia de la verdad por la de otra categoría: el relato.

La posmodernidad trajo, en el último tercio del siglo XX, una nueva forma de ver las cosas, que se fundamenta, entre otras cosas, en la negación de la posibilidad de un acceso verdadero a la realidad, cuestionando la operatividad el propio concepto de verdad y en la crítica radical del concepto de progreso.

En la era del relato, lo relevante no es el carácter verdadero del mismo. Lo relevante es su capacidad de hacer creer en él al que lo escucha. Y, una vez que en vez de ciudadanos racionales se consigue tener creyentes, el propio relato se ocupa de hacer a éstos inmunes a la razón e inmunes a la realidad. Cualquier elemento de la realidad que contravenga las tesis o mandatos del relato será convenientemente reelaborado y disfrazado o, en muchas ocasiones, ignorado.

De este modo, la posmodernidad hace que su propia profecía se cumpla: volvemos a los tiempos a los tiempos teocráticos; las nuevas biblias son los relatos.

El delirio de los nacionalistas no es sino un ejemplo de los tiempos que corren. La independencia de Cataluña es una aspiración legítima. Yo, en particular, creo que es una aspiración errónea,en el sentido de que no traería ni más properidad ni más bienestar. Pero en un mundo democrático, el porrama independentista es tan legítimo como cualquier otro. El problema de la puesta en práctica de este programa en Cataluña es doble: por una parte, su insuficiente legitimación (de esto hablaré en otro post); el segundo, es que apoya en un relato totalmente alejado de la realidad.

El relato habla de un pueblo catalán que quiere ser independiente, cuando la mitad o más de los ciudadanos de Cataluña no quieren serlo (por cierto, cuidado con el uso de la expresión "pueblo"; ya sabemos adonde condujo en la historia reciente). El relato habla de una acogida internacional entusiasta de la nueva república catalana, cuando sólo Venezuela podría reconcocerla. El relato habla de prosperidad, cuando las empresas huyen en manada de Cataluña.

El relato se ha convertido en un delirio. Mi amigo Miguel Albero me recordaba que Ortega, refiriéndose a los argentinos, excalamaba: "argentinos, a las cosas". Bien harían los independentidstas en seguir la recomendación de Ortega, revisar su relato, volver a la realidad y, desde ella, perseguir la realización de su programa.

2017/04/19

El Tramabús

Hay totalitarismos que de inmediato muestran su auténtica faz, que se muestran en todo su potencial de maldad. No tardaron nada Videla, Pinochet o Franco en demostran todo de lo que eran capaces. Pero hay otros cuya auténtica cara se va desvelando con el tiempo. El mundo tardó en comprobar de lo que Mao, Lenin y su secuela Stalin o el propio Hitler fueron capaces. Es decir, Stain tardó unos siete u ocho años en lanzar purgas masivas o en condenar a morir de hambre a millones de personas en Ucrania. Y Hitler no puso en marcha la solución final hasta ocho o diez años después de llegar al poder.

Sin embargo, por el camino el mal ya había avisado. Ya había dado señales de lo que podría llegar a ocurrir. Estas señales se fueron desarrollando conforme a una secuencia que, en los distintos casos tuvo sus especificidades, pero en la que es posible encontrar elementos comunes.

El primer elemento común es la construcción de un relato. Este relato, como dije más arriba, fue uno en cada caso, pero presenta similitudes en todos. Se trata de un relato que pretende explicar los males que aquejan a las sociedades. Y se trata de un relato en el que es imprescindible encontrar un culpable. Un culpable que sea potencialmente capaz de "tener la culpa de todo" y, que, por lo tanto, debe ser un grupo o muy amplio o difusamente definido. Puede tratarse de los judíos, de los rusos blancos, de los contra revolucionarios, de los americanos, de los inmigrantes o de los que habían estudiado y se habían aburguesado.

El segundo paso es hacer que el relato sea verosímil. No que sea veraz, sino que sea verosímil, creíble. Debe ser un relato que apele bien a las emociones de aquellos a los que se dirige, trufado de medias verdades y de mentiras y simplificaciones. Un relato que puede ser creído de primeras, y que conecta bien con la frustración o desesperación de las gentes. En esos relatos hay partes de la histotria que no son completamente falsas, o incluso que son verdaderas. Y esas partes sirven para darle la pátina de credibilidad a las medias verdades y a las mentiras que van en el paquete. El relato no tiene que ser veraz. Tiene que poder "dar sentido", dar sentido a lo que los autrores del relato van a hacer; dar sentido a lo que van a pedirle a la gente que haga.

El tercer elemento es el desplazamiento de la frontera de lo admisible en democracia y en una convivencia civilizada. Se empieza por hacer burla; se sigue por faltar al respeto, se continua por insultar; luego un escrache; después la justificación de la violencia que se ejerce sobre "el grupo culpable"; un paso más es la instigación de esa violencia. Y luego la violencia se industrializa: Dachau o Siberia.

Para conseguir este desplazamiento de la frontera de lo admisible el relato es fundamental. Porque en el relato se construye una lógica de despersonalización del "grupo culpable". Los miembros del grupo culpable no son ciudadanos; ni siquiera son personas. Son solo culpables. Y como son solo culpables no son sujetos de derecho: del derecho a la presunción de inocencia; del derecho a la defensa frente a un tribunal justo; del derecho a la libertad, a nos ser torturados o del derecho a vivir.

El proceso de desplazamiento de la frontera de lo admisible se va produciendo de forma paulatina, medante la propaganda y la señalización. Pintadas, caras en el centro de dianas, caricaturas con sentencias de culpabilidad, escraches, amenazas públicas...

Y así, poco a poco, va ocurriendo lo impensable. ¿Por qué no salieron corriendo todos los judíos de Alemania en 1933, 1934, 1935,...? Porque nunca pensaron que las cosas podrían llegar al extremo que alcanzaron en 1940, 1941, 1942, ... ¡Era impensable!

Muchos vascos fueron víctimas de este proceso en los años de plomo en Euskadi. Los constitucionalistas eran el grupo culpable. El relato de la opresión del pueblo vasco se construyó y difundió con gran éxito. Y se produjo el acoso y la persecución social y física, hasta el asesinato, de "los culpables". En Patria, de Fernando Aramburu, se narra esta historia de forma magistral.

Pues bien. El así llamado Tramabús tiene todos los elementos del principio del proceso. Un relato: "la trama"; los culpables: "los representados en el bus, con independencia de lo que la justicia diga"; el desplazamiento de los admisible: la propia señalización de las personas en el autobús y los escraches que han organizado en el pasado.

La forma de proceder de Podemos revela una y otra vez la naturaleza absolutamente totalitaria de sus dirigentes e inspiradores. Sólo el hecho de que han surgido en España, con la inercia de nuestras instituciones, jóvenes a imperfectas, pero razonablemente sólidas, y de que parecen haber alcanzado un techo electoral del 20% los fuerza a disimular. Pero, ¿se acuerda el lector de la propuesta de gobierno que le hicieron a Sánchez, ocupando las carteras de interior, de justicia, etc? ¿Se acuerda el lector cuando en la primera propuesta que hicieron pública (y luego corrigieron) querían controlar a las jueces? ¿De que querían ocuparse del CNI?

Ojalá que se imponga la razón y se desenmascare a ese grupo de totalitarios, y que sus votantes se den cuenta de lo que nos iba a esperar en el caso de que algún día llegasen al poder.


2016/11/10

Trump, Clinton, Maslow, marketing político, la izquierda

(Aviso: soy votante de izquierdas; en las elecciones de los EE.UU. hubiera votado a Hillary Clinton; detesto el populismo de derechas y también el de izquierdas; ambos me parecen la antesala del totalitarismo. Creo que deberíamos ser muchísimo más generosos con los inmigrantes. Y estoy totalmente a favor de la equiparación de derechos de las minorías. Y también estoy totalmente a favor del principio de realidad y del respeto a la verdad)

Bueno, ánimo, ya queda menos para que acabe este 2016, annus horribilis para la racionalidad política, con populistas de derechas ganando cuota de respaldo popular en Francia, Alemania, Holanda, Austria, Hungría, Polonia; populistas de izquierdas en el gobierno griego y asentándose en España, con el Brexit en verano y, como aldabonazo final, gran campanada ensordecedora que deja casi todo lo demás pequeño, Donald Trump elegido para ocupar la presidencia de los EE.UU. Fijándome en este último acontecimiento, me pregunto: ¿qué ha ocurrido? ¿cómo ha podido pasar?

Las elecciones americanas: algunos datos relevantes

Hillary Clinton ha ganado el más bien simbólico voto popular, habiendo recibido alrededor de 60 millones de votos, pocos más que Trump. En 2008, Obama recibió casi 70 millones de votos, y McCaine sobre los 60 millones. En 2012 Obama revalidó la presidencia con 65 millones de votos, y Romney alcanzó algo más de sesenta millones de votos. Es decir, el voto republicano se ha mantenido prácticamente constante en las tres últimas elecciones; sin embargo, Hillary Clinton ha recibido 10 y 5 millones de votos menos que Obama en 2008 y 2012, respectivamente.

Hillary Clinton ha perdido la batalla electoral en casi todos los estados oscilantes, aquellos que pasan de demócratas a republicanos o viceversa dependiendo de la elección. Teniendo en cuenta los márgenes de vostos por los que esto ha ocurrido, no es descabellado pensar que sólo con haber igualado el voto de Obama en 2012 Hillary Clinto habría ganado en muchos de ellos, si no todos.

En algunos de estos estados hay minorías que, en principio, deberían haber apoyado a Hillary Clinton frente a Trump.

Finalmente, a pesar del perfil de sexista y machista de Trump, las mujeres de raza blanca le han votado a él en mayor propoción que a Clinton: http://www.huffingtonpost.com/entry/dear-white-women-we-messed-this-up-election-2016_us_582341c9e4b0aac62488970e?

Abraham Maslow y su pirámide

El psicólogo Abraham Maslow formuló en 1943 su teoría de las necesidades humanas, que fue actualizando posteriormente. Según esta teoría, las necesidades humanas están estructuradas en una jerarquía de cinco niveles, y sólo cuando las de un nivel dado están cubiertas las personas buscan satisfacer las de un nivel superior. Los cinco niveles de necesidades son, desde las más básicas (y primeras en requerir su satisfacción) hasta las más sofisticadas (y últimas en requerir satisfacción):
  • Necesidades fisiológicas: alimento, descanso, mantenimiento de las funciones corporales
  • Necesidades de seguridad: Seguridad física, de empleo, de recursos, de vivienda, de propiedad...
  • Necesidades de afiliación: amistad, afecto, pertenencia
  • Necesidades de reconocimiento: autorreconocimiento, respeto, éxito
  • Necesiadades de autorrealización: creatividad, moralidad, aceptación, desarrollo
Conforme a la teoría de Maslow, la motivación humana se explica por la voluntad de las personas de satisfacer las necesidades de un nivel superior sólo una vez que las del nivel inmediatamente anterior han sido satisfechas. De ese modo, una vez que las necesidades más básicas de mantenimiento del cuerpo han quedado cubiertas, las personas pasan a ocuparse de tener trabajo y vivienda; y cuando lo consiguen, buscan amistad y amor, y así sucesivamente.

Una lectura más sutil indicaría no tanto una secuencia cronológica, sino más bien de "condiciones de posibilidad". En otros términos, sólo cuando las necesidades de un nivel están satisfechas están las personas en disposición de abordar la satisfacción de necesidades "más elevadas". 

Bien. Vamos a aceptar que, a grandes rasgos, la de la pirámide de Maslow es una buena teoría. ¿Qué ocurriría si a una persona o a una sociedad que concibe y planifica su vida dando por supuesta la satisfacción de las necesidades de un nivel dado, y por lo tanto pensando en las que se ubican en estratos superiores de la pirámide, de repente les da la sensación de que esa suposición está en riesgo?

Aparece el miedo, el miedo terrible a que los cimientos vitales sobre los que la existencia se plantea sean débiles y la construcción de la propia vida pueda desmoronarse. Y ese miedo se constituye en una emoción primordial, capaz de orientar toda la actuación de las personas, que buscarán desesperadamente seguridades sobre las que construir, afirmar o reconstruir sus proyectos vitales.

Cuando esto ocurre, la atención de las personas se centra alrededor de la búsqueda de esas seguridades. De este modo, conforme a Maslow, a alguien que está sin trabajo o tiene miedo de perderlo, hablarle de creatividad o principios morales sería, en primera aproximación, un sinsentido, porque la situación emocional de esa persona hace que sus registros de comunicación y, en general, vitales, no resuenen con esas categorías de discurso.

Las clases medias de los países desarrollados

En el periodo de oro de las postguerra, más o menos hasta mediados de los años ochenta del siglo pasado, las clases medias de los países desarrolados en Europa, Norteamérica, Australia y Japón (caucásicas en los tres primeros casos) vivieron una época de esplendor. Vieron cómo sus necesidades más básicas y sus necesidades de seguridad quedaban satisfechas. Vivían cada vez mejor y, tanto o más importante, las expectativas para sus hijos eran aún mejores. Se podía dar por seguro que las personas no tendrían que precuparse demasiado por su seguridad. Empleo, vivienda, seguridad física y salud estaban cubidertos por un sistema económico que producía crecimiento y, en el caso europeo, por unos estados de bienestar que estaban al quite si la economía dejaba de funcionar.

Pero esta arcadia feliz ha saltado por los aires. Primero llegaron Reagan y Thatcher, desmontando algunos de los equilibrios básicos que habían permitido a las sociedades desarrolladas llegar a los citados nivles de bienestar. Si la desregulación financiera del primero creó las condiciones para la locura financiera que acabó en el estallido de Lehman, el ataque de la segunda a los sindicatos, respaldada por una clase media que pensó que nunca más serían necesarios para garantizar unas condiciones de empleo dignas, agrietó el pacto social.

Luego cayó el Muro de Berlín, y con él desapareció el enemigo comunista, la amenaza creíble que había llevado al capitalismo liberal de la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX a pactar. El capitalismo se desbocó.

Y, finalmente, la tecnología. La tecnología que ha creado las condiciones para que la globalización fuese una realidad de escala planetaria. Y con la globalización, la deslocalización de la actividad económica. Y con ésta sus efectos, algunos buenos, como sin duda es la salida de la pobreza de cientos de millones de personas en los países de desarrollo, en China, India, Brasil, Perú, Colombia, Marruecos, etc. Y los no tan buenos, como el desempleo y el empobrecimiento de las clases medias en los países desarrollados, mientras que los ricos de estos países se enriquecen cada vez más y no pagan impuestos en la misma proporción.

Y, también, la tecnología que está heciendo redundantes a muchos puestos de trabajo, realimentando aquellos efectos menos deseables de la globalización. 

Y, las clases medias de empleados caucásicos, que tan despejado veían el panorama hasta los ochenta, han visto su bienestar mermar; sus expectativas mermar; las expectativas de sus hijos mermar mucho; y su seguridad saltar por los aires. Y si no la suya, sí la de sus vecinos, parientes, amigos.

Y lo que principalmente les preocupa a estas personas es restaurar el estatus quo anterior. Recuperar la seguridad de un empleo, de una vivienda, de no ser abandonados si enferman o quedan en el desempleo. 

Las instituciones

La globalización ha trastocado por completo el sistema económico. La producción y, en general, las tareas de menor valor añadido se han ido desplazando hacia los países en vías de desarrollo, en los que el coste de la mano de obra es mucho menor. Este hecho ha traído consigo, como decía más arriba, la salida de la pobreza de cientos de millones de personas; pero también ha acarreado el aumento del desempleo y la bajada de los salarios entre las clases medias y los trabajadores en los países desarrollados.

Si bien este proceso se ha desarrollando en distintas fases en los últimos treinta años, sus manifestaciones alcanzaron particular intensidad después de 2007, con la crisis financiera. El estallido de dicha crisis no hizo sino reforzar algunos de los efectos menos deseados de la globalización, impulsando aún más el desempleo y la debilitación salarial, y añadiendo inseguridades nuevas en el esquema de necesidades, como la pérdida de vivienda acarreada por los deshaucios.

En el contexto descrito, ¿cómo han actuado las instituciones? Pues en EE.UU. han tratado de paliar los peores efectos de la crisis. En Europa se han embarcado en políticas de austeridad fiscal sobre las que cada vez más se generaliza el consenso de que no han sido las adecuadas (ver, por ejemplo, http://www.telegraph.co.uk/business/2016/07/28/imf-admits-disastrous-love-affair-with-euro-apologises-for-the-i/ ). Por otra parte, en este periodo la desigualdad dentro de los países desarrollados no ha hecho otra cosa que aumentar, poniendo de manifiesto que las políticas públicas no han sido capaces de compensar los efectos de la crisis y la globalización. Mientras que los más ricos recogían los beneficios de la globalización y su riqueza aumentaba, las instituciones eran incapaces de gravar parte de ese aumento de riqueza para financiar los programas necesarios para que el estado de bienestar ayudase a los más desfavorecidos.

Las clases medias y trabajadoras no sólo vieron que el sistema económico las depauperaba o amenzaba con hacerlo: vieron que las instituciones no actuaban en su favor.

¿Y la izquierda?

Tradicionalmente, la izquierda tuvo como sujeto y objeto de su acción política a los más desfavorecidos. El objetivo de sus políticas fue conseguir las satisfacción de las necesidades de los más desfavorecidos, de forma que, en el modelo de Maslow, la autorrealización o el reconocimiento no fuesen un privilegio de los más ricos.

Dejando de lado a la izquierda totalitaria de Lenin, Mao, Pol Pot o Castro, de la que no hay nada que reivindicar y todo que condenar, al princpio, la socialdemocracia se ocupó de cnseguir sacar de la pobreza a las clases de trabajadores y proletarios. Una vez que se consiguió para ellos un empleo digno (lo que, sin sindicatos y negociación colectiva habría sido imposible), se trató de garantizar la satisfacción de otras necesidades del segundo nivel de Maslow: salud, vivienda digna; y después algunas de las del tercer y cuarto niveles: reconocimiento social, educación, participación política.

Y cuando todo esto se hubo logrado, ¿qué ourrió? Pues ocurrió que esas clases medias, que habían hecho el recorrido con la izquierda desde el proletariado hasta una posición social acomodada, dejaron de ser el sujeto y el objeto de las políticas de la izquierda. Abandonaron a los partidos socialdemócratas a la vez que éstos se dedicaron a otros colectivos.

Es como si la izquierda hubiese pensado: "misión cumplida", y " a otra cosa". Y pasó a ocuparse de otras necesidades de otros grupos. Y que conste que yo creo que esas necesidades son muy legítimas y que deben ser atendidas. Pero lo cierto es que la izquierda pasó a ocuparse de la ecología, el aborto, los matrimonios gays, los derechos de los LGT, los derechos de los animales. Y aún más, de las necesidades de identidad nacional  (y que conste que yo creo que estas necesiadades no deben ser ni planteadas ni defendidas por partidos de izquierdas).

Mientras tanto, la derecha conservadora ha hecho lo de siempre: defender los privilegios de los más favorecidos; la derecha liberal mantener su ilusión ideológica de que es mejor dejar al sistema autorregularse. Y entre una y otra, convertir a las clases medias en sujetos y objetos de sus políticas.

Y cuando estalla la crisis, y de repente el suelo se abre debajo de los pies de las citadas clases medias, edtas se encuentran con que quien habla de ellas y a ellas se dirige no es la izquerda, vieja amiga, ahora en otros menesteres, sino la derecha liberal (y la conservadora en alguna medida), que le receta ideología liberal. Pero, ¿no fue la aplicación de las ideas liberales la que condujo a las cosas a dónde están?

Trump y Clinton 
 
Y así llegamos a los EE.UU. el 8 de noviembre de 2016. Trump elabora un discurso terrible, lleno de odio, de racismo, de desprecio a las mujeres, de desprecio a las minorías, de prevención frente a los inmigrantes... y de defensa de la vieja clase media caucásica azotada por la globalización y la crisis. ¿Son estos los más desfavorecidos? No. Hay minorías mucho más desfavorecidas en los EE.UU. Pero Trump ha elaborado un discurso que ha resonado a la perfección con el miedo y la inseguridad de decenas de millones de personas en los EE.UU.

Y no sólo con su miedo; también con la ira derivada de su sensación, más o menos injusta, de que las instituciones, ó, como dice Trump, el "establishment", se dedicaba o bien a proteger los intereses de los ricos y los bancos o a paliar la situación de las minorías económicamente desfavorecidas o legalmente discriminadas, mientras que las condiciones de vida y las expectativas de esa clase media blanca de los estados de fuera de las costas se deterioraban.

Y para ellos ha elaborado un discurso que ha ido directo al centro de la caldera emocional en la que viven: ha dado en el centro mismo de la diana de sus miedos y de su ira. Y estas emociones son tan básicas, tan profundas y tan potentes, que cualquier posible vergüenza por los comentarios machistas o cualquier compasión por las minorías atacadas en las declaraciones racistas han quedado aparcadas.

Y en frente, Hillary Clinton, ¿a quién hablaba y cómo la hacía? Es seguramente cierto que pocos candidatos a la presidencia de los EE.UU. han estado tan preparados para el cargo como ella. Por su experiencia en la Casa Blanca en los dos periodos de su marido como presidente, o en la Secretaría de Estado o en el Congreso. Pero, ¿cuáles eran las razones para votarle? ¿Cuáles eran las emociones a las que se dirigía? ¿Que Trump no ganase? Pero, ¡¡si a una parte importante del electorado que Trump ganase le parecía bien, y otra piensa que Clinton es parte del sistema que los ha llevado a dónde están!!

Lo cierto es que, en una campaña fuertemente cargada de emociones, ella no ha sabido conectar con las minorías de hispanos y afroamericanos en la misma medida que lo hizo Obama; de ahí su pérdida de respaldo. ¿Qué o quién es Hillary Clinton para un potencial votante de color, o hispano, poco formado? Alguien muy lejano, que no tiene nada en común con ellos, que no habla su lenguaje, que se rodea de intelectuales ricos, de artistas ricos o, aún peor, de banqueros ricos. Bien, sí, es demócrata, pero no tiene nada que ver con ellos.

¿Y para las clases medias de trabajadores de "cuello azul"?  Para ellos Hillary es alguien preocupada, en el mejor de los casos, por el bienestar de algunas minorías que nada tienen que ver con ellos; y, en el peor,  por defender los intereses de los más ricos.

Por eso ha ganado Trump. Si bien su "público potencial" no es mayoritario, él ha conseguido conectar con ellos, hablándoles de sus necesidades, prometiéndoles (y sí, seguramente mintiendo) restaurar las seguridades perdidas. Y aunque Clinton contaba con un público potencial mayor, no ha sabido conectar con los miedos de los que están perdiendo su posición social lograda después de décadas de esfuerzo, que podrían haber encontrado en ella a una defensora mucho más solvente y sincera que Trump,  ni ha resultado suficientemente creíble como defensora de las necesidades no satisfechas de las minorías que debían haberla llevado a la Casa Blanca.

La lección para la socialdemocracia

Gran lección para la socialdemocracia europea: ¿a quién le hablamos? ¿con qué discurso? ¿con que actuación en las instituciones? Hay que rearmar el discurso cuanto antes. No se trata, como dicen podemitas, de una lucha de la casta contra la gente, que se hace a medias en las instituciones y a medias en la calle (¿en las barricadas? ... que miedo). Se trata de restaurar equilibrios en las sociedades, de asegurar los estados del bienestar a toda costa, de repartir los beneficios y los costes de la globalización, de hacer las instituciones absolutamente transparentes. Y cuanto antes, mejor.

2016/03/29

¡Eureka! ¡Lo inventé! (1/2)

Hablemos hoy de inventos, de inventar. ¿Qué es inventar? ¿Cómo es posible que inventar sea, precisamente, posible? Lo paradójico de las invenciones se pone de manifiesto si se piensa cómo las invenciones surjen, y de dónde surjen. Los humanos, mujeres y hombres, somos materia. Materia animada, pero materia al fin y al cabo. Materia regida por las leyes de la física, la química y la biología. Somos realidad objetiva, tangible. Nuestros cerebros, materia al igual que el resto de nuestros cuerpos, generan mentes. Aquí se produce la primera ruptura con la objetividad, porque esas mentes son subjetivas. Creo que lo expresé en otra inserción diciendo que, al generar una mente, la materia adopta un punto de vista (en realidad, un punto de vista por cada ser humano), una realidad subjetiva y no asequible salvo para la propia mente. Ya decía Schoppenhauer que el mundo entero desaparecía con la muerte de cada humano, porque el mundo entero no era sino representación en su mente. Es esta capacidad de la mente, de dotar a la materia objetivamente existente de un punto de vista subjetivo lo que la hace tan paradójica.

Pero es que, además, esas mentes pueden hacer algo fascinante. Pueden inventar. E inventar es crear. No de la nada, pero sí crear. Inventar es una manifestación conspicua de la creatividad humana. Es añadir nuevos objetos a la realidad. Y cuando el humano inventa, lo que en última instancia ocurre es que la materia observa la realidad y da lugar a que la mente asociada al cerebro conciba algo nuevo, que es una "irrealidad" y a que la propia mente conciba un plan para llevar esa idea mental a la realidad material. Dicho así, la invención es un paseo de ida y vuelta a la realidad que la materia se da... pero pasando por el mundo no sólo subjetivo sino irreal de lo no existente, y aumentando la población de lo real en el camino. ¡No está nada mal para un conjunto de protones, neutrones y electrones!

Supera por completo no sólo la ambición de este blog sino, de forma más determinante, las capacidades de su autor la tarea de dar solución a esta paradoja. Pero si me voy a lanzar a compartir algunas reflexiones sobre ella. Vamos a empezar por lo fácil. Inventar no es descubrir. Descubrir es encontrar lo que ya estaba ahí sin que lo supiésemos. Es des-cubrir, dejar al descubierto algo que ya existía. Para descubrir los humanos vamos hacia la realidad y, o la analizamos, o la interrogamos o la exploramos pero, en ningún caso, nos salimos de ella. En el caso de la ciencia, descubrimos explorando la realidad o analizándola. La exploramos haciendo experiementos. Y la analizamos gracias a que nos hemos dadpo cuenta de que la forma de la realidad es matemática, y tirando del hilo de las matemáticas podemos averiguar cosas incluso antes de que los experimentos las corroboren. Fue tirando del hilo de las matemáticas como Higgs postuló la existencia de la partícula que 40 años después se detectó; o como Einstein postuló la existencia de ondas gravitacionales, que tardaron alrededor de 100 años en "sentirse".

La segunda reflexión que quería compartir es que la invención no es el único proceso en el que algo nuevo aparece, valga la redundancia, "de nuevas" en la realidad. La propia naturaleza es capaz de hacer algo parecido. Piénsese en la vida. La Tierra existe desde hace más o menos 4.000 millones de años. Durante unos 750 millones de años, sólo hubo materia inerte. Pero transcurrido ese periodo, los procesos de autoorganización espontánea crearon algo que antes no existía: la vida. La vida no es sino materia que es capaz de individuarse en su entorno, de alimentarse, reproducirse y autorepararse. La vida es algo cualitativamente diferente a lo que había antes. Es toda una nueva categoría de objetos añadidos a la realidad. Y eso lo hizo la naturaleza ella solita, sin ayuda o concurso de una inteligencia finalista. Como la vida, diversos objetos complejos han emergido (emergencia, bella palabra) de realidades menos complejas, creando otras cualitativamente diferentes de forma totalmente natural... y, como todos los fenómenos en la evolución, de forma totalmente ciega.

Y ahí radica una diferencia fundamental entre la emergencia y la invención. Cuando una nueva realidad emerge en la naturaleza, lo hace de forma ciega, impulsada sólo por las leyes de la termodinámica. Cuando el hombre inventa, una neuva clase de objetos pasan a integrar la realidad, pero siguiendo el patrón que la propia mente dle hombre ha dibujado previamente en el territorio de lo irreal, en el mundo de las ideas.

Pero, ¿cómo es posible que la materia, ciega y ciegamente obediente de las leyes de la física, cree nuevas realidades?

(Continuará)








2016/03/25

Sapiens se emancipa: el dominio de la Naturaleza (2/2)

Sapiens heredó de sus antecesores en la evolución un rico bagaje de emociones. No sólo Erectus, Ergaster y Habilis, sino probablemente los atapasados comunes con los grandes simios tenían sistemas emocionales sofisticados, que les hacían sentir cosas muy parecidas al miedo, la tristeza o la alegría. Sapiens enriqueció mucho ese sistema emocional, ya que su gran cortex prefrontal no sólo le servía para razonar, sino para reflexionar (re-flexionar) sobre sus propias emociones. Sapiens era ya un ser muy auto-consciente.

A diario, el Sapiens cazador-recolector pasaba por diferentes estados emocionales. Sentía alegría cuando encontraba un panal de miel; tristeza si el perro que le acompañaba resultaba muerto en la caza de un jabalí; miedo cuando inesperadamente un tigre de dientes de sable aparecía de forma inesperada; euforía cuando, junto con sus compañeros, daba caza a un gran mamut.

De entre sus diferentes emociones, algunas de las más intensas estaban producidas por la muerte. Sapiens sentía una tristeza inmensa cuando moría su pareja, o un hijo, o un amigo. Pero, además, Sapiens le tenía un miedo enorme a la muerte. Sapiens, gracias a su capacidad de analizar sus emociones y de analizar lo que ocurría a su alrededor, se daba cuenta de que la muerte de los seres queridos portaba un anuncio para él: tarde o temprano, Sapiens, será tu turno. No puedes escapar a este destino. Y este destino era aterrador.

Y, de forma inconsciente, su sistema emocional se comenzó a estructurar alrededor de ese miedo. Miedo a la muerte propia y a la de los seres más queridos. En cada circunstancia de la vida, su ser se afirmaba o, por el contrario, retrocedía frente a la muerte. Y esto podía ocurrir de forma literal o figurada. Literalmente se afirmaba cuando en una lucha cuerpo a cuerpo derrotaba al tigre de dientes de sable; figuradamente, retrocedía cuando llegaba al campamento con las manos vacías.

De forma más o menos consciente, Sapiens deseaba con toda su alma superar a la muerte, derrotarla. Ese deseo se convirtió en una fuerza irresistible, irrefrenable.

La emancipación del orden natural se produjo, muy probablemente, cuando una serie de factores concurrieron a la vez hace unos diez o doce mil años en Oriente Próximo. Sin el concurso simultáneo de esos factores la revolución agrícola no se hubiera producido. Pero, ¿por qué se lanzó Sapiens de cabeza a ese nuevo modo de vida?

Sapiens le tenía terror a la muerte. Pero la muerte era parte del orden natural. De hecho, con mucha frecuencia la muerte era consecuencia directa de ese orden natural. Un animal podía cazarle. Una sequía podía dejarle a él y al resto del grupo sin comida y, quizás, acabar con todos ellos. Un rayo podía fulminarle. Una inundación ahogarle. El orden natural, la Naturaleza, era vida, pero también era muerte.

Por eso, la sensación de poder derivada del control de la naturaleza debió de ser para Sapiens una sensación brutal de afirmación. Sí, sería terrible labrar los campos para obtener una cosecha, pero, de alguna forma, Sapiens, al hacerlo, era capaz de alterar el orden natural o, al menos, de influir en él. Y, en esta influencia, Sapiens vio un elemento potentísimo de afirmación. Sapiens se sintió eufórico y... poderoso. Y esa euforia y esa sensación de poder compensaron por completo todas las desventajas de la nueva vida. Especialmente, para aquellos que, al aparecer una organización social más urbana y estratificada, ampliaron su poder para ejercerlo sobre ... otros Sapiens, pudiendo de este modo disfrutar de muchas de las ventajas de la nueva vida sin sufrir muchos de sus incovenientes.

De forma que, si los factores tecnológicos y climáticos fueron instrumentales en el abrazo de la forma agrícola de vida, si lo que digo es cierto, la energía para el cambio vino de la necesidad de Sapiens de dominar la Naturaleza para salirse del orden natural y tratar de escapar a su destino de caducidad. No había alternativa. Un ser emocionalmente rico y con una fuerte inteligencia que le hacía autoconsciente siempre habría optado por tratar de empujar a la muerte fuera de su vida; y si para ello tenía que emanciparse del orden natural, el pulso no le iba a temblar.

Y comenzó entonces la pelea de Sapiens con la Naturaleza por dominarla, pelea que encuentra un punto de no retorno cuando Sapiens inventa una forma de inteligencia imbatible, que le permitirá desvelar todos los secretos de su contrincante: el método científico.

2016/03/24

Memoria histórica: mi "relato"

La capacidad de la concejala del Ayuntamiento de Madrid Celia Mayer de pisar un charco hasta en el desierto del Sahara ha devuelto a la actualidad la así denominada "memoria histórica". Si yo lo entiendo bien, el objetivo último del ejercicio de "memoria histórica" y de la ley que en su día aprobó el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero no era otro que establecer el "relato" de lo que ocurrió durante la guerra civil y en los primeros años del franquismo. La necesidad de esta ley viene dada por el hecho de que los vencidos en la contienda fratricida no han tenido la ocasión de honrar la memoria de sus caídos, ya que por razones obvias el franquismo no se ocupó de ello (más que esto; impidió que ello ocurriese) y, en los años de la transición pareció más prudente dejar el asunto para más tarde y así evitar reabrir las viejas heridas.

Pero yendo al fondo del asunto, e imitando a la citada concejala, me tiraré de cabeza al charco y contaré aquí mi relato, tratando primero de ceñirme a los hechos y luego exponiendo cómo yo los valoro.

  1. La guerra civil estalla como consecuencia de un golpe de estado militar fallido contra un gobierno legítimamente constituido. Es cierto que ese golpe se había visto precedido de meses de violencia que los distintos gobiernos no habían podido controlar, y que como consecuencia de los mismo había sido asesinadas personas de uno y otro color político. Pero el hecho bruto es que un gobierno, salido de las urnas hacía unos meses y con amplio respaldo democrático, sufrió un intento de golpe de estado. Al fallar, ese golpe dio lugar a una guerra de cerca de tres años.
  2. Es un hecho que los bandos en la contienda portan ideologías contrapuestas y, en cada caso, no demasiado homogéneas. En el bando republicano convivían liberales, socialdemócratas, socialistas, comunistas y anarquistas. En el bando nacional lo hacían conservadores, falangistas y autoritarios.
  3. Es un hecho que entre 1931 y 1936 la República había legislado abundantemente y que lo había hecho bajo gobiernos de inspiración socialdemócrata, socialista y liberal. Mucha de esa legislación trataba de sacar a España de su retraso respecto de países europeos más desarrollados y de mejorar las condiciones de los más desfavorecidos.Se puede discutir en qué medida ese intento modernizador trató de avanzar demasiado deprisa, o el carácter más o menos radical de algunas de las leyes, pero es difícil cuestionar la orientación ilustrada y, en ese sentido, progresista y de tradición republicana, de la dirección general legislativa de la República.
  4. Es un hecho que al estallar la guerra se desata una ola de violencia en las retaguardias de ambos bandos, que causa decenas de miles de muertos. Según estiman los historiadores, los republicanos asesinaron a unas 50.000 personas, y los nacionales a unas 100.000 (ver artículo "Víctimas de la Guerra Civil Española" en wikipedia).
  5. Es asimismo un hecho que de la misma forma que la represión en el bando nacional fue impulsada, respaldada o directamente planificada por las autoridades ( El general Mola, el día 19 de julio, dio instrucciones explícitas: "Es necesario propagar una atmósfera de terror. Tenemos que crear una impresión de dominación [...]. cualquiera que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado"; artículo referido) en el caso republicano, si bien a medida que el final de la guerra se aproxima y la influencia comunista en el gobierno crece el papel de las autoridades es similar (por ejemplo, cada vez me parace más que probable la veracidad de la intervención de Santiago Carrillo en los asesinatos de Paracuellos; ver artículo "Matanzas de Paracuellos" de wikipedia), es posible atribuir parte de esa represión a la falta de control de las propias autoridades sobre los brazos armados de algunos partidos, sindicatos o grupos políticos.
  6. Es asimismo un hecho que al acabar la guerra las autoridades franquistas continuaron con la represión. Según Payne, "La terminación de la Guerra Civil no puso fin a la represión, sino que facilitó una más eficaz sistematización de ella.". Los historiadores cifran en alrededor de 50.000 las personas que murieron como consecuencia de dica represión.
¿Y qué cabe concluir de todo ello? Desde mi punto de vista, cuando se entra en la valoración de los hechos, cabe razonar en tres planos diferentes: el de la legitimidad democrática, el de las ideas que se enfrentaban y en el de los comportanientos.
  • Desde el punto de vista de la legitimidad democrática, mi opinión es que el alzamiento militar fue un acto ilegítimo contra un gobierno legítimamente constituido, acto que no tenía ni tiene justificación. El hecho de que ese gobierno fuese más o menos radical o más o menos incapaz no justifica en modo alguno el alzamiento.
  • Desde el punto de vista de las ideas, dentro del marasmo ideológico de los dos bandos, el republicano portaba muchas de las que constituyen el núcleo de la Constitución de 1978. Es cierto que pueden encontrarse también en dicho bando ideas totalitarias y en absoluto democráticas, pero ello no anula lo anterior. Yo creo que no puede decirse lo mismo del bando nacional, cuyo sustrato ideológico per se nunca hubiera llevado a una democracia liberal como la que disfrutamos hoy en día.
  • Desde el punto de vista de los comportamientos, los dos bandos se lanzaron a una represión brutal, cruel y atroz en sus retaguardias, con el fin de aniquilar físicamente al contrario. El hecho de que en el caso republicano algunas autoridades hiciesen repetidos llamamientos a la aplicación de la ley y al fin de esa represión no cambia el dato de miles de personas asesinadas. El tenor moral del franquismo queda bien reflejado por el hecho de que, concluida la guerra, el régimen continuase con esa represión, igual de brutal, cruel y atroz.
El franquismo elaboró su relato en los 36 años de régimen. El bando republicano no tuvo ocasión de hacerlo.

Pero ese relato, si bien no admite matiz en el plano de la legitimidad (golpistas frente a un gobierno legítimamete constituido y democrático) y admite grises en el de las ideas (en el bando republicano convivían demócratas con totalitarios; en el nacional sólo había de éstos), debe ser un relato de horror y vergüenza compartidas en el plano de los comportamientos: los dos bandos se lanzaron a sendas carnicerías en sus retaguardias, carnicerías despiadadas, atroces, brutales, que causaron 200.000 muertos. No me importa quién mató más. Seguramete mataron todo lo que pudieron unos y otros. Y, por ello, el relato no puede ser de buenos y malos. Debe ser un relato de malos y malos. Y no se trata de equidistacia apriorística o buenista. Si en el plano de la legitimidad e, incluso, en el de las ideas mi razón y mi corazón están con la República, cualquier forma de adhesión se desvanece al analizar los comportamientos.

El régimen franquista asesinó a 150.000 durante y después de la guerra. Era además ilegítimo y totalitario. Desde cualquier óptica, condenable. Pero la República, legítimamente constituida y con un gobierno democráticamente establecido en 1936, y portadora de muchas ideasde progreso y bienestar para todos los españoles, fracasó estrepitosamente cuando 50.000 personas fueron asesinadas por sus ideas en su territorio. Y es desde esa condena y desde ese fracaso desde los que yo creo que hay que escribir el relato definitivo, el relato del horror y el espanto de un país, España, en el siglo XX.